TEORÍA PURA DE LA REPÚBLICA – LIBRO TERCERO. Capítulo VII. FILOSOFÍA DE LA ACCIÓN CONSTITUYENTE (XXXI).

164

      “Hay en los seres humanos mayor propensión natural a la obediencia que a la libertad de acción responsable. Del mismo modo que una ley biológica explicó por qué nacen más hembras que machos, no está lejos el día en que la genética encuentre la ley que descubra la proporción natural de mandamases en la multitud obediente. La Revolución enseñó a los pueblos europeos la posibilidad de libertad política y, sin embargo, éstos no emprendieron la acción colectiva de conquistarla. El impulso para la acción colectiva que haga obrar a la libertad política, no proviene de frustraciones de altruismos carentes de otros campos de satisfacción. Ni lo causan sentimientos de culpabilidad sublimados en un deber social. Tampoco responde a la aspiración existencialista de una vida auténtica, creyente de que hacer algo es hacerse a sí mismo. Pues si ese algo fuera la libertad colectiva, todos harían míticamente a los demás haciéndose a sí mismos.

     El ímpetu del nuevo saber político, el de la verdad=libertad, sale de una inspiración intuitiva de la razón de la existencia en común, que la coexistencia no propulsa, ni el hábito de convivencia en círculos vecinales contiene. La razón de que repentinamente parezca posible realizar lo tanto tiempo intuido, o incluso manifestado en fenómenos espontáneos de compasión social, que parecía quimérico antes de conocer la identidad de verdad y libertad, está en la naturaleza de este tipo de conocimiento. Que no es liberador si no alcanza la elevación cultural y la sensibilidad moral que disuelven el servilismo en las conciencias, y resuelven los conflictos de la polaridad opositiva Estado-Sociedad. La nueva polaridad creada con la ecuación verdad=libertad engloba y supera las explicaciones hegelianas o marxistas de la historia, al ser resolutiva de conflictos sociales de carácter funcional que no tienen naturaleza dialéctica. Esta nueva polaridad de la relación política de libertad no arrastra en su giro a los conflictos de clase social, ni a los sentimientos de la fe nacionalista o religiosa.”

 

 

Antonio García-Trevijano Forte

TEORÍA PURA DE LA REPÚBLICA

LIBRO TERCERO. Capítulo VII. FILOSOFÍA DE LA ACCIÓN CONSTITUYENTE.

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TEORÍA PURA DE LA REPÚBLICA LIBRO TERCERO. Capítulo VII. FILOSOFÍA DE LA ACCIÓN CONSTITUYENTE (XXIV).

157

     “Creada y difundida la Teoría Pura de la República, lo que importa definir ahora es la filosofía de la acción colectiva que la realice, en el proceso iniciado por los grupos promotores de la libertad política, dentro del tercio laocrático de alguna sociedad europea, para conseguir la apertura pacífica de un periodo de libertad constituyente. Conocer las fases del proceso implica la necesidad de saber el grado de madurez necesaria para pasar de una fase a la siguiente. La primera fase se ultima con la suficiente difusión del postulado de identidad verdad=libertad, en los centros de opinión y unidades de influencia social. Cada fase prepara las condiciones de acceso a la inmediata, con voluntades de acción colectiva indeterminadas sin los factores que se crean en las fases precedentes. Método prodictivo.

     La función histórica de la simplificación y difusión de la Teoría Pura, viene dictada por la necesidad de dar a la sociedad civil el protagonismo de las libertades públicas y, especialmente, el de la libertad política, para que la res-publica sea el asunto conscientemente común de los ciudadanos. Del mismo modo que, en épocas ideológicas, la izquierda pedía la nacionalización de las empresas de servicios públicos, en la era de la necesidad de verdad en la política, lo inmediato será reivindicar la nacionalización o re-publicación del secreto y la razón de Estado, o sea, la republicanización de la acción política, hoy privativa de los partidos estatales, para extenderla a toda la comunidad, o a la parte ciudadana más sensible a la carencia de libertad política colectiva. Preguntar a los repúblicos sin son de derechas o de izquierdas, en la situación general de servidumbre voluntaria a los partidos-paridos estatales, y sin más libertad política que la de esas agrupaciones, que no obstante son voluntarias, supone y delata un profundo desconocimiento de lo que es libertad y verdad en la política. Pues equivaldría a cuestionar la universal idealidad de los principios morales y políticos incorporados a la Teoría Pura.

     Los futuros gobiernos republicanos serán de derechas o de izquierdas, conservadores, reaccionarios o avanzados al futuro, según las ideologías de las mayorías que elijan al poder ejecutivo y la composición del legislativo. En la noche de la libertad, los gatos que maúllan en los tejados de la servidumbre son buscadores de gatas en celo de pécoras (pecunia), o felinos depredadores de presas débiles. Republicanizar no es acto que los gatos estatales puedan decretar en virtud de su instinto hiperolfativo de Autoridad, ni una expansión discontinua del sentimiento republicano. Requiere un proceso continuado de humanización y nacionalización de lo público, que sólo una acción societaria puede emprender, con iniciativas libres y horizontalmente convergentes, para que de ella emerja una sociedad política intermedia, que interprete las necesidades y represente los intereses de la sociedad civil ante el Estado Constitucional.”

 

Antonio García-Trevijano Forte

TEORÍA PURA DE LA REPÚBLICA

LIBRO TERCERO. Capítulo VII. FILOSOFÍA DE LA ACCIÓN CONSTITUYENTE.

TEORÍA PURA DE LA REPÚBLICA – LIBRO TERCERO. Capítulo VII. FILOSOFÍA DE LA ACCIÓN CONSTITUYENTE (XXI).

154

     “Todo revolucionario de la libertad política colectiva, aunque no lo sepa, es aristotélico. Actualizante y anti-actualista. Aristóteles combatió la doctrina de los megáricos, escuela socrática que negaba el movimiento de la potencia al acto. La Teoría Pura rechaza radicalmente la creencia de la filosofía fascista (Gentile) en la brutal idea hegeliana de que el actualismo del poder existente, el del Estado, sea la única racionalidad posible de la realidad. Si todo lo real fuera racional, tan irracional seria oponerse al poder realizado en la Dictadura como en el Estado de Partidos. La República sólo podría venir entonces de un acto de fuerza bruta, de un golpe de Estado o de una sublevación violenta que, sin libertad política, la impusieran como otra actualidad sin libertad. No sería República Constitucional, sino otra vez Constitucionaria. Es extraño que la doctrina de la imposibilidad real de lo posible sea creencia de las clases intelectuales semicultas de la partidocracia, entusiastas mitólogas del actualismo. La teoría biológica de la evolución de los embriones destruye la doctrina megárica que negaba la realidad del movimiento. Para Bergson, la realidad reducida a actualidad, sólo permite ser modificada por ¡evolución creadora en millones de años! Las realidades virtuales están probadas en biología y física. Los intelectuales partidocráticos, incapaces de concebir los cambios políticos antes de que se produzcan, creyeron que las dictaduras a las que apoyaron serían eternas. Sus mentes librescas son más rígidas y reaccionarias que el mundo social y político mentalizado por ellos.

     Un movimiento ciudadano hacia la República Constitucional sería una potencia tan real como la realidad sin potencia de la partidocracia. Sin la potencia de la posibilidad no existiría la probabilidad. Los fines de los repúblicos son reales porque son probables y realizables. En la política sucede lo que en los procesos de evolución de las especies en la Naturaleza. Lo posible no asegura que la bellota se desarrolle en encina, porque entre la potencia y el acto se interpone la libertad de los cerdos. Del mismo modo, entre la potencia de la voluntad de acción liberadora y la libertad política colectiva, se interpone la libertad de los partidos estatales y su mentalidad profesional de lo actual.”

 

Antonio García-Trevijano Forte

TEORÍA PURA DE LA REPÚBLICA

LIBRO TERCERO. Capítulo VII. FILOSOFÍA DE LA ACCIÓN CONSTITUYENTE.

TEORÍA PURA DE LA REPÚBLICA – LIBRO TERCERO. Capítulo VII. FILOSOFÍA DE LA ACCIÓN CONSTITUYENTE (VIII).

151

     “La Constitución de EEUU plantea una paradoja al pensamiento político. En la naturaleza no existe excepción que confirme la regla. O bien la Constitución de EEUU no es producto de la naturaleza humana, o bien las Constituciones europeas son inhumanas. Si aquella es divina, éstas son diabólicas. Si aquella fue posible por alguna razón derivada de la naturaleza humana, no se explicaría la imposibilidad de la democracia en Europa, siendo así que países como Inglaterra, Francia, Alemania, Italia y Holanda llevaron a EEUU la cultura clásica, la renacentista, la Reforma religiosa y el espíritu de aventura que crearon su Constitución. Sin teoría de la libertad ni de la democracia, sin esquema de una acción adecuada a su conquista, la crítica insustancial integrada en el Estado de Partidos justifica sus incoherencias y contradicciones por la naturaleza oligárquica de los grupos constituyentes, y porque respondieron a lo mejor que se podía hacer -no a lo que se debía hacer con libertad- en la circunstancia excepcional de la derrota militar o muerte de los dictadores y ruina de los países derrotados. O sea, otra vez las circunstancias extraordinarias que justificaron el Terror. Pero justamente esa era la excepcionalidad que propiciaba y exigía la apertura de un período de libertad constituyente.

     La antigua creencia de que las oligarquías suceden a las tiranías era una construcción mental a posteriori de ciertos hechos conocidos, como también lo son las teorías políticas descriptivas de la modernidad. Ninguna ha sido elaborada para que, en lugar de justificar la dominación actual, prescriba el fundamento de la democracia en la libertad política colectiva. Los fundamentos de la Realpolitik, parapetos intelectuales contra la libertad de pensamiento y de acción, se basan en consensos que paralizan, más que las acciones de la libertad, la imaginación misma de que sean posibles. Los medios de comunicación, intelectual orgánico del Estado de Partidos, son los centinelas de la sinarquía de poder que los premia y enriquece. Nada está más alejado de la realidad integral que esas pseudo-teorías socialdemócratas, incapaces de ver la necesidad de libertad política en los pueblos europeos, a los que gobiernan con mercantilistas fórmulas de progreso material incierto con regreso moral cierto. Se creen realistas porque legitiman realidades oligárquicas en los Estados de Partidos. No saben que son piezas del aparato estatal de anulación de la sociedad, ni que la libertad política sea conquistable en el proceso de realización histórica de realidades más profundas, mediante la acción constituyente derivada de la potencia de una idea de libertad colectiva fundamentalmente realista.”

 

Antonio García-Trevijano Forte

TEORÍA PURA DE LA REPÚBLICA

LIBRO TERCERO. Capítulo VII. FILOSOFÍA DE LA ACCIÓN CONSTITUYENTE.

TEORÍA PURA DE LA REPÚBLICA – LIBRO TERCERO. Capítulo VII. FILOSOFÍA DE LA ACCIÓN CONSTITUYENTE (VI).

149

     “El desconocimiento de lo que es filosofía de la acción constituyente conduce ciertamente a la ignorancia de que el hecho definitivo, el que permite distinguir entre los diversos tipos de poder constituyente, y entre las Constituciones formales de EEUU o Suiza y las de los Estados de Partidos, lo realmente decisivo, es la existencia previa de un período de libertad política constituyente. Un tipo inconfundible de libertad colectiva que existió históricamente en los albores de los EEUU, y que todavía continúa como fundamento de sus Enmiendas Constitucionales.

     Libertad constituyente nunca ha existido en la historia europea. Los Estados de Partidos, impuestos con el poder emergente de la aniquilación bélica del totalitarismo, no fueron frutos de la libertad colectiva de acción política, sino de los privilegiados grupos constituyentes nacionales que, surgidos de las sombras de la derrota, se aglutinaron bajo el paraguas ideológico y la fuerza militar de ocupación de la potencia vencedora en la guerra mundial. Sin percibir la naturaleza colectiva de la libertad constituyente, ni la dificultad que implica conquistarla en un régimen de poder estatal partidocrático, no se puede comprender la absoluta necesidad de una filosofía popular de la acción constituyente de la libertad política, como fuente de energía social capaz de transformar los regímenes de poder en sistemas políticos. La filosofía de la acción republicana es un esquema de acción colectiva para conquista pacífica de un período de libertad constituyente. La acción colectiva prefigura la libertad política. La idea de que la libertad política es alcanzable precede a la acción y la organiza.”

 

Antonio García-Trevijano Forte

TEORÍA PURA DE LA REPÚBLICA

LIBRO TERCERO. Capítulo VII. FILOSOFÍA DE LA ACCIÓN CONSTITUYENTE.

TEORÍA PURA DE LA REPÚBLICA – LIBRO TERCERO. Capítulo VI. PRESIDENCIA DEL CONSEJO DE GOBIERNO. PODER EJECUTIVO DEL ESTADO (XXII).

142

     “Para salvar la posibilidad de libertad política en la Monarquía de su tiempo, Montesquieu ideó un mecanismo de balanzas y frenos del poder, separando el ejecutivo del legislativo, para que se vigilaran mutuamente y cada uno impidiera, por su propia ambición, por celos, el abuso de poder del otro. El sistema funcionó bien donde fue aplicado. En las Repúblicas de EEUU y Suiza. Pero ese mecanismo, que sólo fue ideado para mantener en equilibrio la relación entre dos poderes políticos iguales, no podía resolver el problema creado por el Directorio de la Revolución, y continuado hasta hoy, de la colusión del poder ejecutivo y las finanzas privadas, de los gobiernos y la clase dominante en la economía nacional, primero, y en la internacional después. Un poder ejecutivo que puede provocar una guerra ofensiva por motivos económicos, aunque el legislativo apruebe la declaración bélica, ya no es un poder sino una potencia incontrolada.

     Esta diabólica colusión, fundante de la modernidad, ha creado un nuevo tipo de desequilibrio entre los dos poderes estatales, prestando al ejecutivo la potencia del capitalismo, al que sirve de instrumento institucional y del que recibe su apoyo extra-político. La entente de los gobiernos con los centros financieros y las corporaciones de la economía globalizada, somete el poder legislativo de las Naciones al imperio del poder ejecutivo de los Estados colusivos con el gran capital. Si el peligro del parlamentarismo era el endiosamiento de la representación de la soberanía popular, omnipotente hacedora de gobiernos a su antojo, la potencia incontrolada del poder ejecutivo ha llegado a ser hoy la espada de Damocles suspendida sobre los gobernados por el corrompido hilo de las finanzas mundiales, que ningún Estado controla en la actual economía globalizada. Un pacto explícito o tácito tan universal y profundo entre la clase política y la clase financiera, que incluso en los EEUU ha deteriorado la vida política con guerras sucias por el control del petróleo, y carreras desenfrenadas hacia la especulación bursátil y monetaria impulsadas por los gobiernos, hasta causar la mayor crisis económica del mundo actual. Las instituciones de crédito privado y público, las grandes empresas transnacionales y los gobiernos izaron a media asta la bandera de la bancarrota del capitalismo, para no reconocer la quiebra política de los Estados que han fundido sus visiones del mundo con las del gran capital. El anterior presidente de EEUU dio triste prueba de su colusiva impotencia, y el Jefe del Estado francés, de su demagogia.

   Ante esta moderna colusión, el poder legislativo muestra la penosa impotencia de un David sin honda, mientras que el poder ejecutivo exhibe la arrogante potencia de un Goliat con casco protector de su frente. Todos los Estados, aún concertados, no podrían refundar lo no fundado, el capitalismo, pero uno sólo puede fundar la democracia para equilibrar la relación de poder entre el enclenque legislativo y el coloso ejecutivo.”

 

 

 

Antonio García-Trevijano Forte

TEORÍA PURA DE LA REPÚBLICA

LIBRO TERCERO. Capítulo VI. PRESIDENCIA DEL CONSEJO DE GOBIERNO. PODER EJECUTIVO DEL ESTADO.

TEORÍA PURA DE LA REPÚBLICA – LIBRO TERCERO. Capítulo VI. PRESIDENCIA DEL CONSEJO DE GOBIERNO. PODER EJECUTIVO DEL ESTADO (IV).

124

     “El poder ejecutivo del Estado, que ya no está moderado por la religión ni por el consejo de sabios humanistas, como en el Antiguo Régimen, no encuentra frenos anclados en las potestades de legislar y de juzgar, como exigía Montesquieu y realizó la Constitución de los EEUU. Si el poder legislativo y la potestad judicial estuvieran radicalmente separados del poder ejecutivo, no sólo podrían impedir institucionalmente los abusos y corrupciones del nuevo soberano, el partido estatal gobernante, sino instituir la potencia superior de la libertad política colectiva. Cosa que ningún país europeo ha conseguido todavía, salvo Suiza.

     Antes de entrar en el análisis del poder ejecutivo, según la perspectiva de la libertad política, conviene recordar que la experiencia del Estado de Partidos ha sido muchísimo peor que la del parlamentarismo, a pesar de que este régimen liberal tampoco conoció la separación de poderes.

     Para comparar dos formas de gobierno tan diferentes como la parlamentaria y la de partidos, se han de abstraer los cambios sociales causados por la evolución demográfica, económica, cultural y técnica de la sociedad gobernada que no sean debidos al factor político. En algunos aspectos, como el de la sanidad y la duración media de vida, se han sobrepasado los niveles alcanzados en el antiguo parlamentarismo, pero esto no quiere decir que ese progreso haya sido debido al Estado de Partidos, sino que los Regímenes actuales han podido disfrutar de los avances científicos en medicina y tecnología curativa, y de la mejora en dieta alimenticia. Al mismo tiempo, el nivel de vida crecía desde la guerra mundial con los progresos industriales y tecnológicos en la economía productiva, y con el aumento del gasto familiar en la economía de consumo. La incidencia decisiva de los recursos estatales destinados a la asistencia social no ha sido debida a la partidocracia, sino a la continuidad en ella de los derechos sociales otorgados por las dictaduras fascistas y a la decisiva contribución de EEUU a la reconstrucción de Europa occidental.”

 

Antonio García-Trevijano Forte

TEORÍA PURA DE LA REPÚBLICA

LIBRO TERCERO. Capítulo VI. PRESIDENCIA DEL CONSEJO DE GOBIERNO. PODER EJECUTIVO DEL ESTADO.

TEORÍA PURA DE LA REPÚBLICA – LIBRO TERCERO. Capítulo IV. PRESIDENCIA DEL CONSEJO DE LEGISLACIÓN. PODER LEGISLATIVO DE LA NACIÓN (XVI).

87

     “El poder constituyente de la libertad política colectiva introduce en las Constituciones el principio de intermediación entre el Estado y la Nación, no por capricho de una voluntad imperial, ni por la fuerza imaginativa de un poder activo que no encuentra límites en la realidad que constituye, sino precisamente porque la razón de ese principio es evitar los procesos de realización totalitaria de la potencias políticas polarizadas en principios contrarios o divergentes. La libertad no deja de ser natural cuando rechaza la obediencia a leyes que no procedan de ella, del mismo modo que la Naturaleza se niega a obedecer leyes que no provengan de la necesidad. Ésta es para las leyes físicas, lo que aquella para las humanas.

     Donde hay contrarios hay necesidad de intermediación, sea en las cosas inorgánicas o en las orgánicas. La contrariedad en las leyes humanas se manifiesta con el divorcio de su vis directiva y su vis coactiva. Cuando ésta es mayor que la razón de aquella, las leyes se acatan por temor. Cuando su razón dispositiva no es comprensible, las leyes se cumplen por rutina en la obediencia a la Autoridad. Sólo hay libertad de consentimiento cuando un principio de intermediación hace evidente que la vis coactiva de las leyes también procede de la misma fuente que les ha comunicado la fuerza directiva de la razón colectiva. Ahí se confunden las razones de legislar y las razones del legislador, la mente de la ley y la mente del derecho a dictarlas. En realidad, lo que persigue el principio de mediación es lo mismo que provoca, en la naturaleza humana, la obediencia espontánea a órdenes improvisadas para remediar los efectos calamitosos de las grandes catástrofes naturales. El bien y el mal sólo parecen comunes si son visibles.”

 

 

Antonio García-Trevijano Forte

TEORÍA PURA DE LA REPÚBLICA

LIBRO TERCERO. Capítulo IV. PRESIDENCIA DEL CONSEJO DE LEGISLACIÓN. PODER LEGISLATIVO DE LA NACIÓN.

 

Teoría Pura de la República – 3 VOLÚMENES

TEORÍA PURA DE LA REPÚBLICA – LIBRO TERCERO. Capítulo III. CÁMARA DE REPRESENTANTES MONÁDICOS. POTESTAD LEGISLATIVA (XVIII).

64

 

     “De origen religioso, el impulso de culpar a las personas de los pecados políticos reproduce la ingenua creencia en la posibilidad de evitarlos con regeneraciones. Cuando este desprecio a las causas de los fenómenos sociales se une a la falsa opinión de que es más fácil reformar lo arruinado que instituir lo nuevo, nace la ilusión reformista. Si no es posible encontrar diez hombres justos en el Estado de Partidos, la providencia de la libertad exige la destrucción de la sodomía política, sin contemplarla con mirada retrospectiva. En la Revolución francesa se comprobó que era más difícil destruir el orden tradicional de la autoridad que construir el nuevo orden de la libertad. La transformación del Estado liberal en Estado de Partidos, por condenadores póstumos de dictaduras derrocadas, ha probado durante más de medio siglo de corrupción la imposibilidad de su regeneración con reformas o códigos deontológicos de la clase política para sí misma.

     La ruptura institucional que producirá, en el Régimen de Poder partidista, la conquista pacífica de la libertad política y la democracia representativa, será constructiva de un Sistema político representativo del pluralismo social. Las prioridades tácticas vienen establecidas por la estrategia de los fines institucionales. Nadie podrá discutir que el orden de las prioridades de la libertad política comienza con el sistema electoral, para sustituir el proporcional por el mayoritario en mónadas pequeñas, como primer paso hacia una auténtica Cámara de Representantes políticos, dotada de potestad legislativa autónoma, que sustituya a la gregaria reunión de diputados de listas de partidos estatales, aplaudidores o silbadores por oficio.”

 

 

Antonio García-Trevijano Forte

TEORÍA PURA DE LA REPÚBLICA

LIBRO TERCERO. Capítulo III. CÁMARA DE REPRESENTANTES MONÁDICOS. POTESTAD LEGISLATIVA.

 

Teoría Pura de la República – 3 VOLÚMENES

TEORÍA PURA DE LA REPÚBLICA – EL FACTOR REPUBLICANO. Elecciones (XXVIII).

136

    “La libertad fundadora de la política democrática determina la inestabilidad de lo político en la República Constitucional y la estabilidad de las instituciones en la Democracia formal. Parece una paradoja y no lo es. Identificado lo político con lo público estatal, no parece lógico calificarlo de inestable. Pero lo es, del mismo que lo son las materias sociales sometidas a la jurisdicción del Estado. Éstas aumentan o disminuyen en función de las necesidades de regulación estatal exigidas por el desarrollo material y cultural de las sociedades nacionales. Dictaduras, oligarquías y democracias no escapan de los constantes procesos de transformación de lo social o económico en estatal, como en sentido contrario los de privatización de lo público, ni tampoco de los continuos traspasos de lo político a la esfera de la política o viceversa. Sólo en este sentido lo político es inestable. En cambio, la Democracia estabiliza la política, no porque la materia gobernada sea siempre la misma o inmutable, sino porque está regulada por unas mismas reglas permanentes, constitutivas del juego político.

     La libertad constituyente de la República Constitucional es la misma libertad colectiva que instituye la democracia formal. Las instituciones de la democracia garantizan la permanencia de las libertades formales constituidas, e incluso de la propia libertad política constituyente, cuando la evolución de lo político, no de la política, haga necesaria o conveniente la reforma de la Constitución. Pues la otra alternativa necesariamente violenta, los estados de excepción, es una patología en la democracia política. El poder constituyente no desaparece con la vigencia de la Constitución. Permanece vivo y en último término insurreccional, para afrontar el problema político de la libertad y los conflictos sociales de la igualdad, necesitados de la solución y los cauces institucionales definidos por la República Constitucional. Las elecciones fijan el momento-situación de la política. La República, el estado de lo político. La Democracia, el de la libertad.”

 

 

 

Antonio García-Trevijano Forte

TEORÍA PURA DE LA REPÚBLICA

EL FACTOR REPUBLICANO

Elecciones

http://www.bubok.es/libros/218609/Teoria-Pura-de-la-Republica-3-volumenes
http://www.bubok.es/libros/218606/Teoria-Pura-de-la-Republica