TEORÍA PURA DE LA REPÚBLICA – LIBRO TERCERO. Capítulo VII. FILOSOFÍA DE LA ACCIÓN CONSTITUYENTE (XIX).

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     “Desde la Revolución Francesa los pueblos europeos contienen en potencia a la República Constitucional. Actualmente no hay nación europea que deba su existencia republicana a una generación social o cultural de la República. La más republicana, Francia, no la concibió con un embarazo de la libertad, ni con un abrazo de amor a la verdad, sino con un recuerdo onírico y embarazoso de su fracasada Revolución. La V República intentó romper el ensueño revolucionario de la república parlamentaria, y se quedó a mitad de camino. Si al Presidente lo elige el cuerpo electoral, su equipo y programa de gobierno han de tener la confianza del legislativo. Eso no es la separación de poderes ni la democracia formal de la libertad política.

     Si el sistema político de EEUU se llama, correcta y científicamente, democracia representativa, democracia formal o política, para distinguirse de la democracia directa ateniense, y de la utopía de la democracia material o social, y si a ese sistema lo definen unas reglas formales del juego político, ¿por qué la sociología política llama también democracia representativa al régimen de partidos estatales, cuyas reglas de juego han sustituido la representación de la sociedad por la integración de las masas en el Estado? Este hecho basta para negar, en bloque, categoría científica al pensamiento político europeo. No caben reglas diferentes para un mismo juego, cuando precisamente las reglas, como las del ajedrez, son constitutivas del juego. Juegos diferentes reclaman nombres diferentes. Democracia política en EEUU. Oligocracia de partidos estatales en Europa.”

 

Antonio García-Trevijano Forte

TEORÍA PURA DE LA REPÚBLICA

LIBRO TERCERO. Capítulo VII. FILOSOFÍA DE LA ACCIÓN CONSTITUYENTE.

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TEORÍA PURA DE LA REPÚBLICA – LIBRO TERCERO. Capítulo VI. PRESIDENCIA DEL CONSEJO DE GOBIERNO. PODER EJECUTIVO DEL ESTADO (XXI).

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     “Celebradas las elecciones presidenciales, por votación directa de los electores en un solo cuerpo nacional, será investido Presidente del Gobierno y de la República el candidato que haya obtenido la mayoría absoluta de los sufragios en primera o segunda vuelta. Antes de transcurrir el plazo de quince días, el Presidente designará libremente su equipo de Gobierno, sin necesidad de que la Cámara de Representantes ni el Consejo de Legislación lo aprueben ni le den su confianza. Los miembros del Gobierno y los demás altos cargos de la Administración pública no pueden ser diputados en el poder legislativo. Si el Presidente del Gobierno integra en su equipo ministerial algún diputado, éste dimitirá de su escaño, y la plaza vacante será ocupada por el suplente que lo acompañó en la candidatura de distrito. El Presidente del Gobierno informará a la Cámara legislativa tantas veces como lo desee o sea requerido por ésta.

      La elección del Jefe del Estado-Presidente por los gobernados no implica separación de poderes si, como sucede en Francia, necesita que el poder legislativo vote una moción de confianza a su equipo ministerial y a su programa de gobierno. A diferencia de los Estados de partidos, el sistema político francés es representativo de la sociedad francesa, en virtud de su método electoral en las legislativas, pero no es una democracia formal, a causa de la necesidad de aprobación de su Gobierno por la Asamblea.

     Queda, por fin, el modo institucional de cerrar el camino a la solidaridad de clase política, que es la matriz de todas las corrupciones del poder. La inteligencia institucional contra los motivos de cristalización y mantenimiento de una casta política, con interés objetivo en mantener unidos a los socios de un sindicato de poder, pese a sus diferencias ideológicas o de partido, de clase o de categoría social, se ha convertido en condición sine qua non de la libertad política y la democracia. A esta finalidad obedece el juego conjunto y sistemático de las nuevas instituciones hasta ahora expuestas. Separación en origen del poder nacional de legislar y del poder estatal de gobernar o ejecutar; atribución al primero del poder de promulgar las leyes; formación de Comisiones de control del gobierno, en la Cámara de representantes, con mayoría de diputados de la oposición; independencia en origen de la Justicia; participación en elecciones legislativas y presidenciales de candidatos independientes de los partidos políticos; desvinculación estatal de los partidos; prohibición de participar en campañas electorales a los medios de comunicación estatal; posibilidad de revocar a los representantes de distrito por su propios electores antes de que termine su mandato imperativo y un nuevo espíritu público de lealtad a la causa de la libertad fundadora de la República Constitucional. Pero incluso estas precauciones institucionales, siendo todas ellas necesarias, no son suficientes.”

 

 

Antonio García-Trevijano Forte

TEORÍA PURA DE LA REPÚBLICA

LIBRO TERCERO. Capítulo VI. PRESIDENCIA DEL CONSEJO DE GOBIERNO. PODER EJECUTIVO DEL ESTADO.

AUTODETERMINACIÓN – INDEPENDENCIA – SECESIÓN

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     En el Estado de Partidos no es posible que llegue a ser Presidente del Gobierno una persona que, además de tener honestidad mental, hable con propiedad y precisión. La ascensión dentro del partido le obliga a guardar silencio ante conductas deshonrosas de sus jefes y a expresarse en todos los asuntos con calculada ambigüedad. Y el modo de ascender escalones en la jerarquía del partido, condiciona hasta el modo de pensar.

     Para entender el significado de las palabras de Zapatero sobre el derecho de los vascos a decidir libremente su futuro, conviene recordar el significado de los tres conceptos que titulan este artículo, y que incluso la clase política y los analistas de prensa llegan a confundir. Pues la autodeterminación no quiere decir independencia, ni ésta implica siempre una secesión territorial.

     La Autodeterminación es un derecho potestativo, reconocido por la comunidad internacional a ciertos pueblos, para que decidan por vía pacífica, mediante referéndum, su voluntad colectiva de seguir integrados en el Estado Nacional al que están supeditados, o de separarse del mismo fundando un nuevo Estado independiente. Autodeterminación no significa pues, Independencia, pero sí derecho de opción a la Independencia.

     La Independencia es un hecho nacional que se crea con la victoria en una guerra de liberación (EEUU, Argelia), con un movimiento irresistible de la población dominada por una potencia extranjera (India) o con el triunfo de la opción independentista en el ejercicio pacífico del derecho de autodeterminación. La legalidad de este derecho, que comenzó siendo natural, la ha de reconocer hoy bien sea la ONU o bien el propio Estado cuya integridad nacional está puesta en cuestión.

     La Secesión puede ser un hecho o un derecho. En ambos casos, el fenómeno político de la secesión requiere la previa existencia de un Estado Federal o Confederal, del que forme parte el Estado que manifiesta su voluntad de separarse de la unión. La Secesión, como hecho, suele confundirse con la Independencia. Pero no es igual. En las guerras de secesión (E.E.U.U.), lo decisivo es la voluntad de un Estado preexistente de separarse de la unión con otros Estados. Mientras que en las guerras de independencia se trata de la procuración de un nuevo Estado. Los modernos Estados federados han introducido en sus Constituciones el derecho de todos ellos a la secesión.

     Las palabras de Zapatero –decidir libremente los vascos su futuro- definen con exactitud la finalidad del derecho de autodeterminación.

Antonio García-Trevijano Forte

FUENTE: http://antoniogarciatrevijano.com/2006/07/07/autodeterminacion-%E2%80%93-independencia-%E2%80%93-secesion/

TEORÍA PURA DE LA REPÚBLICA – EL FACTOR REPUBLICANO. Elecciones (XXVII).

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     “Las elecciones deben ser tratadas en la Teoría de la República y en la de la Democracia, aunque desde puntos de vista diferentes. A la primera corresponde lo referente a lo político y a la estructura del poder estatal. A la segunda, lo concerniente a la coyuntura, momento y situación de la política, concebida como aspiración a dirigir el ejercicio y el control de todo poder estatal. Son dos teorías complementarias. Por ser de carácter estructural, la Teoría de la República Constitucional, reino de lo político, aspira a tener rango científico. Por ser formal y regulativa de las funciones estatales, la Teoría de la Democracia, reino de la política, sólo puede ser científica si es consecuencia del mismo principio republicano que ha separado los poderes del Estado, para equilibrarlos y controlarlos por los gobernados.

     Este mismo principio funda ambas teorías, la republicana y la democrática, con el único método de distinción entre el campo de lo político, equivalente a lo público, y el de la política, situado en el ámbito del control del Estado por los ciudadanos. El motor que sincronice y conjugue la libertad y la igualdad, las acciones y las responsabilidades, en un conjunto social extenso, no puede ser otro que el de la Libertad política colectiva, fundadora de la República Constitucional y garantista de las instituciones de la Democracia Representativa. Los procesos electorales trascienden, así, a las teorías de la República y de la Democracia, en tanto que son manifestaciones de esa libertad colectiva básica que no es, ni puede ser, ideológica, porque no es una parcialidad social que se pueda presentar con visos de totalidad, sino un concepto universal y formal que no puede ser desmentido o contrariado, sin confesarse parcialitario o totalitario, o sea, discriminador entre lo libre.”

Antonio García-Trevijano Forte

TEORÍA PURA DE LA REPÚBLICA

EL FACTOR REPUBLICANO

Elecciones

http://www.bubok.es/libros/218609/Teoria-Pura-de-la-Republica-3-volumenes
http://www.bubok.es/libros/218606/Teoria-Pura-de-la-Republica

TEORÍA PURA DE LA REPÚBLICA – EL FACTOR REPUBLICANO. Elecciones (XXVI).

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     “La llamada República deliberativa confunde una forma de Estado con la democracia, que es una forma de Gobierno. Propone una República deliberativa frente a lo que llama elitismo democrático, sin importarle que la esencia de la política esté en lo decisorio, al que la deliberación se dirige; que la República sea el modo de estar instalada la libertad política en el Estado y no en un proceso deliberativo; que el problema de la democracia no es que sea elitista, sino que no existe; y que la democracia representativa no tiene sustituto. Es torpe creer que la partidocracia puede convertirse en democracia, multiplicando el número de ciudadanos de élite que participen en pequeños ámbitos de deliberación extraparlamentaria, sin suprimir el fraude de la representación proporcional, como si los partidos estatales fueran hogares de acogida de sinceras ideas foráneas al Parlamento, a contrapelo de sus estrategias de conservación o conquista del gobierno.

     La teoría deliberativa abusa del lenguaje cuando afirma que es la versión republicana de la democracia y el complemento de la democracia representativa. De ser cierta esta finalidad, sólo sería útil para EEUU y Suiza, aunque se inspire en los foros de ciudadanos elegidos al azar para alcanzar acuerdos que se eleven a los parlamentos monárquicos de Escandinavia. Esa teoría no marca los linderos entre Democracia y República, ni entre la política y lo político. Quiere sustituir la teoría de la elección racional, procedente de la economía, por la deliberación pública de la ciudadanía. Para Habermas, este modelo extiende la acción comunicativa al plano de las instituciones representativas, bajo la hipótesis de que los liberales se satisfacen con la representación, pero aprecian más la deliberación, en tanto que cultivadora de virtudes cívicas y racionalizadoras de la soberanía parlamentaria. Lugar donde tendría lugar el libre proceso comunicativo para lograr acuerdos por mayoría no consensuada en la toma de decisiones colectivas. Buscábamos la identidad del hecho republicano en lo político, y al final del camino nos topamos con la nueva teoría socialdemócrata que lo identifica con lo deliberativo.”

 

 

Antonio García-Trevijano Forte

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EL FACTOR REPUBLICANO

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http://www.bubok.es/libros/218609/Teoria-Pura-de-la-Republica-3-volumenes
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TEORÍA PURA DE LA REPÚBLICA – EL FACTOR REPUBLICANO. Elecciones (XXV).

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     “A primera vista, puede parecer que el tema electoral, propio de la democracia, no debe ser tratado en una Teoría Pura de la República Constitucional. Pero sucede que las elecciones constituyen la acción y el momento donde la materia de lo político, es decir, lo estatal y republicano, se contrae y concreta en materia de la política, es decir, en acción legislativa y de gobierno. Por eso decía Carl Schmitt, en la obra citada, que las elecciones muestran la esencia de lo político, yendo incluso más allá de las instituciones estatales, por su capacidad de lograr la identidad entre gobernantes y gobernados, y la representación de éstos por aquellos. Esta doctrina de Schmitt, tan poco refinada, le permitió sostener la peligrosa falsedad de que “bolchevismo y fascismo son antiliberales, pero no antidemocráticos”. Contradicción insuperable, pues además de confundir democracia formal y democracia material, no percibe que donde hay identidad, que es la forma sublimada de la presencia de un sujeto en otro, como en el sistema proporcional de identificación del votante con un partido, no puede haber representación alguna. Schmitt no comprendió lo que la jurisprudencia alemana consagró después como esencia del Estado de Partidos, o sea, la sustitución de la representación de algo por la integración identificadora de un todo.

     En estos años de fracaso evidente de las pseudo-democracias de Partidos, tipificadas por la corrupción sistemática y la baja calidad o la ausencia de debates parlamentarios, algunos intelectuales socialdemócratas tratan de poner de moda una corriente de opinión, bajo el lema de Teoría de la República deliberativa, con la pretensión de sustituir, o mejor dicho, de ampliar y mejorar las bases sociales que intervienen en la elección de la representación política. Aun reconociendo la buena intención de los promotores de esta teoría, sus propuestas no tienen el realismo ni la coherencia de las clásicas interpretaciones de la democracia participativa, cuyo fracaso práctico ha sido patente. Por estar centrada dicha teoría en el problema de la representación política y en la baja calidad de los debates parlamentarios, se hace aquí una crítica somera, pero radical, de la República deliberativa, no porque esta idea sea doctrinalmente incoherente, como lo es, sino por la fama mundial de sus defensores. La acuñación de su nombre, intercambiable por el de Democracia deliberativa, delata ya su inconsistencia conceptual y su carácter ideológico socialdemócrata.”

Antonio García-Trevijano Forte

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EL FACTOR REPUBLICANO

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