Sistema de gobierno aristocrático y oligárquico

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     El sistema donde gobierna una minoría es llamado por Aristóteles aristocracia (literalmente “el poder de los mejores o más aptos“) si busca el bien común, y oligarquía (literalmente “el poder de unos pocos“) si sólo persigue el interés propio. Así pues, la aristocracia y la oligarquía son el gobierno de una élite minoritaria. Llamamos élite de una organización humana, una empresa, una sociedad al grupo minoritario que disfruta de un mayor control y poder de decisión en la misma.“La oligarquía, en ciencia política, es una forma de gobierno en la que el poder supremo está en manos de unas pocas personas. Los escritores políticos de la antigua Grecia emplearon el término para designar la forma degenerada y negativa de aristocracia (literalmente, gobierno de los mejores). Estrictamente, la oligarquía surgirá cuando la sucesión de un sistema aristocrático se perpetúe por transferencia sanguínea o mítica, sin que las cualidades éticas y de dirección de los mejores surjan como mérito reconocido por la comunidad, siendo esta definición muy cercana a la de monarquía y más todavía a la de nobleza.”La ley de hierro de Robert Michels (n. 9 de enero de 1876, en Colonia; m. 2 de mayo de 1936, en Roma, sociólogo y politólogo alemán, especializado en el comportamiento político de las élites intelectuales) ya predice que toda organización jerarquizada acaba volviéndose aristocrática u oligárquica, es decir, elitista. Para justificar su ley de hierro, Michels en su obra “Los partidos políticos” da tres argumentos:

  • Las organizaciones tienden a burocratizarse cada vez más a medida que crecen. Surgen nuevos departamentos especializados, normas y procedimientos de actuación, división de responsabilidades, y al mismo tiempo hay que tomar decisiones cada vez mas complejas. La élite acaba siendo formada por aquéllos que saben lidiar con las formas complejas de toma de decisiones. Por los burócratas.
  • Para que una organización sea eficiente, tiene que disminuir la democracia interna. Se prefiere el liderazgo fuerte a la decisión colegiada o asamblearia. De nuevo, aparece el culto a la personalidad del líder.
  • Y, por último, dado que la masa suele comportarse de forma apática y borreguil (de borrego), y ser incapaz de resolver sus propios problemas, la propia psicología de masas prefiere el liderazgo y el culto a la personalidad. La masa queda relegada al papel de preferir o elegir (si se lo permiten) a uno u otro líder.

Así, por ejemplo, los grandes partidos, que en sus comienzos son asociaciones de carácter ideológico, y que sirven para canalizar el descontento y las iniciativas de transformación de la sociedad, acaban convirtiéndose en enormes estructuras paraestatales, en lo que se conoce como “partitocracia”.

De modo que siempre ha habido y habrá élites. Cuando las élites son honestas y ponen su conocimiento, su influencia y su poder al servicio del interés general, la organización, la sociedad, la empresa … funcionan adecuadamente y se alcanza un estado de cierta satisfacción (siempre imperfecta, siempre precaria) entre sus miembros. El problema ocurre en las organizaciones y las sociedades en las que dichas élites actúan con irresponsabilidad, arbitrariedad y egoísmo patológico.

La teoría de las élites es abordada por varios sociólogos, entre ellos Max Weber (dentro del contexto de su estudio de las clases sociales, un tema sobre el que volveremos más adelante) y VilfredoPareto (París, 15 de julio de 1848Céligny, 19 de agosto de 1923, sociólogo, economista y filósofo italiano). Vifredo Pareto tiene una ideología próxima la fascismo. No obstante, muchas de sus observaciones son agudas y, a los efectos que nos interesan ahora, la teoría de Pareto viene a explicar de forma bastante sintética el proceso de transformación de una aristocrcia en una oligarquía.

En palabras de Jorge Alonso, en su obra “Pareto“, sobre la teoría sociológica de Pareto:

“Aunque, la concepción de la lucha de clases le parece insuficiente, en su gran división anota que “se puede observar, muy aproximadamente, la clase gobernante y la clase gobernada un poco enfrente una de la otra como dos naciones extrañas”. La clase gobernante debe defenderse de la gobernada. Debe cuidar también que los disidentes de la clase gobernante no capitaneen a la clase gobernada. La defensa de la clase gobernante consiste en eliminar por la astucia o por la fuerza a los individuos capaces de derribarla del poder. En este enfrentamiento se da el proceso que llama “circulación de las élites”. Es el paso de un grupo a otro. Es un hecho que la élite en el poder está compuesta no sólo por gente que tiene realmente cualidades en alto grado, sino también por otras personas que, aunque miembros de la élite, carecen de capacidad. Ahora bien, si estos últimos alcanzan un gran número dentro de la clase en el poder, se llega a un gran desequilibrio social que puede provocar la caída y desaparición de la élite. En la clase gobernante se requiere gente con las cualidades propias para las circunstancias (ya sean de paz o de guerra, etc.). Por la falta de tales capacidades “las aristocracias no duran. Por las razones que sean, es contrastable que al cabo de un cierto tiempo desaparecen. La historia es un cementerio de aristocracias. La clase gobernante se restaura por la gente que asimila de las clases inferiores. Esto da energías y aporta los residuos necesarios para que la clase gobernante se mantenga en el poder. A este movimiento que asciende a individuos con las necesidades requeridas segun las circunstancias corresponde el proceso inverso: el que echa fuera a los antiguos componentes más decaídos de la clase gobernante. Cuando la clase gobernante se cierra, entonces empieza su ruina. Es un grave peligro el que muchos elementos inferiores en cualidades se acumulen en las clases superiores, como también lo es su correspondiente inverso: la acumulación de cualificados en las clases inferiores. 

      “Las revoluciones se producen por el entorpecimiento de la circulación de las élites, y por la acumulación de elementos disidentes en la clase gobernada”. 

      Cuando hay apertura en la clase gobernante las perturbaciones vienen a ser momentáneas. Si en el punto preciso en el que se debe usar la fuerza, más allá de la astucia, la clase gobernante no es capaz de hacerlo, viene la revolución, porque suele darse en la clase inferior gente dispuesta a usar esa fuerza. En esta clase inferior se da la cantidad calificable, los elementos de calidad superior que poseen los residuos capaces de ejercer el gobierno y que están dispuestos a utilizar la fuerza. Es importante constatar que las cabezas, serán elementos venidos de los estratos superiores (segun la catalogación hecha de las élites); pero los residuos son suministrados por los individuos de los estratos inferiores. En la apertura son dos categorías de individuos de la clase gobernada los que son aceptados por la clase gobernante que quiere mantener el poder: los que usan la fuerza, y los que usan el arte. Estas dos categorías no están siempre en las mismas proporciones. Pareto anota que “cuando hay prosperidad económica la circulación de las élites se hace efectivamente intensa pero, si se estanca la circulación económica, también se estancará la circulación de las clases selectas.” 

      De esta manera explica cómo desde una situación dada la élite consigue dominar y gobernar. En éste radica el punto clave de la explicación paretiana que prescinde de las características históricas particulares y de explicaciones de tipo ético. Si Marx explica la situación histórica, Lenin aprovechará las lecciones políticas para la formación del partido, para la configuración de la élite de la clase gobernada que se constituirá en élite gobernante. Según Pareto, los gobiernos modernos prefieren utilizar menos la fuerza y cada vez más un arte bastante costoso. Pero si se produce el estancamiento, escasean las posibilidades de controlar al adversario por medio del dinero. Los períodos de rápido aumento de la prosperidad económica son favorables a los “especuladores” que se enriquecen y ascienden a la clase gobernante si no es que ya formaban parte de ella. “Estos especuladores “se someten siempre a quien tiene la fuerza, pero trabajan bajo cuerda y saben tener la substancia del poder, del que otros tienen sólo la apariencia”. Lo que sucede a lo largo de los siglos es el alternarse de los astutos y de los que están dispuestos a usar la fuerza. Estos últimos se sacuden el yugo de los especuladores; pero poco a poco las categorías vencidas vuelven al poder, para luego ser desalojadas de él.”

José Ortega y Gasset habla de élite estancada o inmóvil, es decir, de oligarquía, cuando no hay cambios significativos en dos ciclos generacionales (que él cuantifica en unos 15 o 20 años, cada uno).

     No confundir élite con casta. La casta es una clase social y un poder que es familiar y se hereda, como en la India. La característica de la casta es, además, la endogamia.

Esencialmente, hay dos tipos de oligarquías, según sea la fuente de su poder: económicas y políticas.

Cuando las oligarquías proceden de la descomposición o degeneración del aparato dirigente de una tiranía, son políticas. En cambio, las que proceden de una división del poder económico, especialmente las financieras, terratenientes o industriales, son las que dan o facilitan el acceso al poder a sus amigos dedicados a la política, salvo en situaciones de gran amenaza, de emergencia.

Una de las características de los oligarcas es que rara vez se atacan de verdad entre sí. Como mucho, hacen una escenificación de debate o de disputa. Los oligopolios tienden o bien a convertirse en monopolios para evitar la lucha fratricida entre ellos, o bien al reparto o “holding” por sectores o actividades, al estilo de los pactos entre mafiosos para repartirse el territorio o los tipos de negocio. La debilidad o fortaleza de una unión se ve cuando se tratan temas que afectan de forma asimétrica a los socios.

Las oligarquías económicas tienen un comportamiento muy similar en todas las épocas y en todos los lugares. Su poder se construye sobre tres grandes columnas:

  • Aspiran a, y con frecuencia consiguen, el control de los recursos críticos. Antes de la revolución industrial, la tierra cultivable era el principal recurso crítico (lo que dio origen a un sistema económico oligárquico llamado “fisiocracia”), junto con ciertos recursos necesarios y escasos como las minas de hierro, carbón, o infraestructuras vitales para el comercio como los caminos, los puentes y los puertos. Con posterioridad, muchos otros recursos se han ido añadiendo a esta lista: petróleo, metales raros, tecnología y patentes, o el mismo conocimiento. Estar en posesión y control de estos recursos, a veces vitales para mantener la producción de cosas necesarias y que la sociedad pueda funcionar, es una de las principales patas del poder oligárquico. Una de las actividades principales de la élite es, por tanto, alejar a posibles rivales del control de estos recursos, un comportamiento denominado elitismo.
  • Promueven o descansan sobre la abundancia de mano de obra desarraigada, que se vuelve así dócil y dependiente. La mano de obra numerosa y desarraigada (por ejemplo, emigrada del campo a la ciudad), necesita un trabajo, una fuente de renta para poder sobrevivir, ya que no dispone de medios propios para ello.
  • Y, por último, un cierto grado de inviolabilidad e impunidad, que se consigue comprando voluntades políticas (a cambio de regalos, sobornos o bien patrocinando a candidatos afines a los puestos políticos), de modo que las leyes que rigen la actividad económica y penalizan las conductas indeseables se hagan más a su medida.

Las oligarquías políticas son, como ya hemos cometdo en entradas anteriores, la evolución natural de una tiranía. Al desaparecer el tirano, los servicios y los monopolios del estado, o las diferentes secciones de la empresa, son asignados a los amigos y deudos del tirano, y surgen así las oligarquías. Los oligarcas se ven en seguida obligados a entenderse (para no autodestruirse) y esto es el origen del consenso. En política oligárquica, el consenso sustituye a las órdenes del dictador. Consenso es, literalmente “entender o pensar lo mismo“, ponerse de acuerdo (entre todos los poderosos). Esto se vehicula a través de cárteles (que se reparten territorialmente), ententes (pactos de no agresión) y otro tipo de pactos, explícitos o sobreentendidos.

     El consenso es la marca de las oligarquías y las dictaduras. En política, además, el consenso tiende al partido único, pues de forma casi fascista, implica la desaparición de la disidencia, el miedo y la falta de libertades. Se consigue la unanimidad a cambio de renunciar a veces a principios importantes. A la oligarquía no le importa tanto la ideología como la estabilidad e la unión.

Los países y las organizaciones con una tradición oligárquica y autoritaria son más fáciles de controlar, basta sustituir a las oligarquías autóctonas por otras afines (o comprarlas). Desde el fin de la era de los Treinta Tiranos (en griego οἱ Τριάκοντα, hoi Triakonta), nombre que recibió el gobierno oligárquico compuesto de treinta magistrados llamados tiranos, que sucedió a la democracia ateniense al final de la Guerra del Peloponeso −en las postrimerías de la Guerra de Decelia, en 404 a. C., el régimen oligárquico es sinónimo de corrupción, que ocurre cuando el interés de partido y personal del gobernante o la oligarquía está por delante del patriotismo y el interés general.

Ejemplos de aristocracias u oligarquías son la gran empresa moderna (con su cuadro directivo y su consejo de administración), el parlamento nacional que aprueba las leyes, los partidos políticos estatales, el poder judicial y ciertos cuerpos de élite, como los funcionarios de carrera. De acuerdo al funcionamiento interno y a la forma de acceso, podemos enumerar varios tipos de órganos de poder oligárquico:

  • Cooptación: órganos a los que se accede por selección que realizan internamente los propios miembros (por ejemplo, el cuerpo cardenalicio).
  • Gerontocracia: órganos a los que se accede por edad o por experiencia, por ejemplo, la gerousía griega, antecedente del Senado.
  • Meritocracia: órganos a los que se accede por mérito o concurso, por ejemplo, el cuerpo de funcionarios del estado.
  • Tecnocracia: órganos a los que se accede por una formación o experiencia específicas. La tecnocracia económica muchas veces se identifica fácilmente por el lenguaje y el interés egoísta y oligárquico de sus miembros. La tecnocracia se basa en la cultura científica (determinista, tecnocrática) frente a la política, que se basa en la cultura filosófica (discurso de las libertades y de lo posible).
  • Corporativismo: organizaciones en las que se accede por afinidad o ideología y se actúa “como un todo“. Por ejemplo, el ejército, ciertas asociaciones profesionales, y los gobiernos de tipo diunvirato, triunvirato…etc. (que siguen la filosofía “unus ex pluribus”, es decir, “muchos que actúan como uno sólo“).

Fuentes:

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