DON JUAN, TREVIJANO, PEDRO SAINZ, PEMÁN Y ANSON

Juan de Borbón - García-Trevijano

     Se ha debatido la pasada semana lo que ocurrió en junio de 1974 cuando Don Juan de Borbón estuvo a punto de firmar unas declaraciones que preparó Antonio García Trevijano para ser publicadas en el diario Le Monde. Reproducimos a continuación las páginas dedicadas a este pasaje histórico por Luis María Anson en su libro Don Juan, publicado por Plaza y Janés y que fue calificado como “Libro del año”, manteniéndose durante once meses en primer lugar entre los libros más vendidos.     
       Don Juan y las declaraciones a Le Monde
El mismo día 20 de diciembre de 1973, al conocer la muerte de Carrero, el notario Antonio García Trevijano no duda un instante, sube a su coche y, siete horas después, está con Don Juan en su despacho de Villa Giralda. Su plan es simple y diáfano. La dictadura franquista está a punto de resquebrajarse y caer. Los sindicatos clandestinos y la oposición democrática se harán irremediablemente con el poder. Si Don Juan se pone al frente del movimiento democrático de forma decidida, puede ser el Rey de España. No es un planteamiento torpe, sino hábil y audaz. La gran fogata de la conflictividad social está ya crepitando en España. A escondidas de Sainz Rodríguez y de Anson, el Rey empieza a mantener contactos periódicos con García Trevijano, que va perfilando una estrategia muy precisa. El derrumbamiento de la dictadura portuguesa unos meses después, en abril de 1974, da la razón a lo que ha venido exponiendo el notario. Don Juan, que vive en Portugal y respira el enfebrecido ambiente revolucionario, cada vez está más convencido de que a su hijo le ocurrirá lo mismo que a Marcelo Caetano. Para alzarse con el liderazgo de la oposición democrática, Trevijano le propone hacer unas declaraciones a Le Monde, la biblia entonces del progresismo europeo. Don Juan accede. André Fontaine está de acuerdo. Marcel Niedergang, con su gran prestigio profesional, es el encargado de dar forma periodística a la operación. Se prevé la publicación para el día 28 de junio. Trevijano prepara unas declaraciones serias, bien construidas y rotundas, con doce puntos clave. Significan la ruptura. Don Juan defiende la amnistía, la legalización de los partidos políticos, incluido el comunista, la autonomía de las regiones y el completo establecimiento de las libertades y derechos. El Rey rompe con todo lo que la dictadura significa. Eso supone que también rompe con su hijo.      El miércoles 19 de junio de 1974, la operación Trevijano está cerrada. Carrillo y otros futuros miembros de la Junta Democrática que se reúnen esos días en el Ritz lisboeta ni lo saben ni lo creen. A Niedergang se le espera en Estoril. El Rey decide finalmente consultar con Sainz Rodríguez. Y estalla el temporal. Don Pedro se encoleriza, advierte a Don Juan que esas declaraciones son el fin de la Monarquía y que la Restauración solo se puede hacer como está prevista: con Don Juan Carlos, apoyado por el Ejército, única garantía de que el Rey se siente en el Trono para, una vez en él, desmontar las Leyes Fundamentales de Franco y devolver la soberanía nacional al pueblo español a través de la voluntad general libremente expresada. Para Sainz Rodríguez la cuarta etapa de la Restauración está a punto de culminarse. Si la familia de Franco no tuerce la pasividad del dictador a favor de Alfonso Dampierre, cosa políticamente muy complicada, Don Juan Carlos se convertirá en Rey. La ingente labor realizada por Unión Española y la paciencia de Don Juan con los líderes de la oposición democrática han despejado la aceptación inicial de la Monarquía, por parte del sector más cualificado de la izquierda, hasta unas elecciones generales. Franco perderá así su última batalla y, con ella, la guerra, y Don Juan podrá ver establecida en España la Monarquía por la que tanto ha luchado, lo que significa el triunfo de sus ideas frente a las de Franco. La operación Trevijano lo echaría a perder todo, quebraría la unidad dinástica y arruinaría los sacrificios realizados por Don Juan desde 1969. No se trata de provocar una ruptura, como quiere Trevijano, sino de hacer una flexible evolución, como decía Balmes.

De nada sirve la elocuencia de Sainz Rodríguez. El Rey está harto de todo y no cede. Hará las declaraciones. Se despiden fríamente y don Pedro se va indignado al cine. Por la noche, Don Juan, Gaitanes, Trevijano y varios de sus amigos van a cenar al Mushasho en el Guincho, cerca de Cascais. Gaitanes, de forma inteligente y moderada, se opone al proyecto de Trevijano y a las declaraciones. Gaitanes preside el Gabinete de Información del Conde de Barcelona, único organismo político que se mantiene en Villa Giralda, y su amistad personal con el Rey es muy estrecha. Don Juan le escucha impresionado. Trevijano le dice: “Si no firma esas declaraciones, Don Juan habrá perdido hoy su última oportunidad de ser Rey.

Al día siguiente, jueves 20 de junio, tras una reunión en casa de José Lacour, el discreto militar que sustituyó a Lema en la Secretaría del Rey, se reúnen a almorzar con Don Juan y Pedro Sainz, Trevijano y Vidal. Saltan chispas. Don Pedro se opone frontalmente a las declaraciones. Vocifera que la unidad dinástica no se puede quebrar y que el proyecto es una locura. Trevijano se le enfrenta y afirma que la lealtad a la Monarquía exige firmar las declaraciones. Sainz Rodríguez lee el texto de un discurso que pronunciará Don Juan en la cena del día 22, antevíspera de su santo. Trevijano se apoya en una frase del texto y afirma que “quien ha escrito eso es un traidor”. La palabra nefanda estalla como un explosivo en la habitación. A don Pedro se le encabritan sesenta años de lealtad a la Corona. Con el cuerpo bamboche en temblor, el sudor temblando sobre su piel enmollecida, las tres papadas zorollas en agitación, las manos balumbas golpeando la mesa, los ojos bravos en incandescencia, Sainz Rodríguez se vuelca todo él, en un torrente de palabras que se clavan como dagas venecianas, como gumías embravecidas, en la carne de Trevijano. Se levanta, llama a su coche y se marcha, sin apenas un breve gesto de acatamiento a su Rey.

Disuelto el almuerzo y ante el silencio de Don Juan, quien, según Díaz de Aguilar, acompaña en el coche a Trevijano, éste considera que ha perdido la partida. No sabe que no es así. No sabe que durante toda la tarde Don Juan sigue meditando y, en una conversación telefónica con Sainz Rodríguez, se inclina a mantenerse firme.

Don Pedro llama a Anson por teléfono a Madrid. Le explica la situación. “Solo hay un hombre que puede evitar la catástrofe: Pemán. Llámele y véngase con él inmediatamente.

Al día siguiente, viernes 21 de junio, Pemán, que ha viajado desde Jerez a Madrid, embarca en el avión con Anson. A media tarde, el Rey les recibe en su despacho de Villa Giralda. Está irreductible. Tiene un deber con la Historia. No cree en nada de lo que se ha organizado en España. Piensa que ocurrirá lo mismo que acaba de pasar en Portugal, y aunque tiene dudas de que la oposición democrática, tras una revolución, le acepte, como dice Trevijano, al menos la Institución quedará limpia. Así que piensa llamarle de nuevo y hacer las declaraciones. Pemán y Anson se quedan mudos y desolados.

Sainz Rodríguez enrojece al conocer la reacción del Rey. Dos tigres de Bengala se pasean airados por sus ojos. Está a punto de explotar. Mientras cenan los tres en el hotel Palacio, Anson propone: “Deberíamos subir a Villa Giralda e intentarlo de nuevo.

Pero eso es una violencia –objeta Pemán, moviendo su dedo índice vacilante.
Yo no puedo ir, pero tú sí, José María. Y Anson también.

En el coche de Sainz Rodríguez, Delfín, su chófer, les conduce hasta Villa Giralda. El Rey tiene una cena con invitados y no se le puede interrumpir. Pemán insiste. Está ya muy mayor y el temblor continuo del parkinson le macera la garganta. El Rey sale del comedor. Pemán se le acerca, arrastrando los pies sobre la alfombra del salón. Se tropieza y está a punto de caer. Don Juan le sujeta.

Vuestra Majestad no puede hacer eso… Vuestra Majestad no puede hacer eso –balbucea Pemán.

El Rey le pone las manos sobre los hombros y le asegura: “No te preocupes, José María, que voy a reflexionar”, le dice. Y, sin más, se despide de Pemán y Anson con un ademán incierto.

El 22, sábado, por la mañana, Don Juan reclama a Anson. Le recibe breve y secamente. “No tenéis ninguna razón, pero no puedo hacer nada contra vosotros. Ahí tienes las declaraciones.

Me da usted la mayor satisfacción de mi vida –se emociona don Pedro al oír la noticia.

Por la noche, se celebra una cena en el hotel Estoril Sol, en la que Don Juan pronuncia, con el salón abarrotado, el discurso preparado por Sanz Rodríguez, el mismo por el que Trevijano le había llamado traidor. Naturalmente, en Un reinado en la sombra, don Pedro, que elude hablar de muchas de sus maniobras clandestinas en relación con Franco -el libro está escrito en 1980, en pleno furor antifranquista- no hace la menor referencia al pasaje Trevijano, aunque dedica nueve páginas al acto y al discurso, reproduciendo crónicas de Oneto, Arriba, Ya, Salas y Guirior, Contreras, Nuevo Diario, Pedro Rodríguez, Veyrat, Apostua, Argos y Carandell. Pemán no se queda al acto político del Estoril Sol, pero Anson sí. Constituye un gran éxito. El lunes 24 se celebra la tradicional recepción social en Villa Giralda.

     Nace la Junta Democrática
En la extensa entrevista para Le Monde -dieciocho folios apretados-, Don Juan respondía así a una pregunta sobre cómo satisfaría en su reinado las aspiraciones de la oposición democrática, afirmando por primera vez que autorizaría el Partido Comunista:

Tras la triste y trágica experiencia de nuestra guerra civil, el deseo prioritario y esencial de la izquierda, y en general de toda la oposición democrática, es la conquista de las libertades públicas para el pueblo español: amnistía política, libertad de prensa, de opinión y de información; libertad de reunión, libertad sindical, derecho de huelga, libertad de partidos políticos sin exclusiones; reconocimiento de la personalidad regional, en particular la de aquellos pueblos como el catalán y vasco configurados específicamente por la historia; independencia de la función judicial respecto del poder ejecutivo; profesionalidad y neutralidad del Ejército ante la política interior y, por último, separación de la Iglesia y del Estado. Todo esto, naturalmente, manteniendo un alto nivel de empleo y la defensa del poder adquisitivo de la moneda con una adecuada política anti-inflacionista.

Trevijano transforma el texto de las respuestas de Don Juan en los doce puntos de la declaración programática de la Junta Democrática, que se reúne, primero, el 25 de julio, en el hotel Intercontinental de París y, después, en octubre de ese año 1974, también en la capital francesa, en el hotel Loti:

1. Formación de un Gobierno Provisional.
      2. Amnistía total e inmediata para todos los presos y detenidos por razones política y sindicales.
      3. Legalización de los partidos políticos, sin exclusión.
      4. Libertad sindical.
      5. Reconocimiento de los derechos de huelga, reunión y manifestaciones pacíficas.
      6. Libertad de expresión y opinión en radio, TV y prensa.
      7. Independencia del poder judicial.
      8. Neutralidad política y estricta profesionalidad de las Fuerzas Armadas.
      9. Reconocimiento, bajo la unidad del Estado, de la personalidad política de los pueblos catalán, vasco y gallego y  de las comunidades regionales que lo decidan democráticamente.
      10. Separación entre la Iglesia y el Estado.
      11. Consulta popular, entre los doce y dieciocho meses del restablecimiento de las libertades democráticas, para decidir la forma definitiva del Estado.
      12. Integración en la Comunidad Europea, respeto a los acuerdos internacionales y aceptación de la coexistencia pacífica internacional.

Representantes, en primer lugar, de Cataluña, País Vasco y Galicia, el partido comunista de Carrillo, el partido socialista de Tierno Galván, el partido maoísta del Trabajo, Comisiones Obreras, algunos carlistas de don Hugo, varios grupos independientes y personalidades como Calvo Serer se integran en la Junta Democrática, que se convierte en fuerza clave de la oposición. Trevijano se había entrevistado con Felipe González antes en el Parador de Antequera, mostrándose conforme el joven socialista con la Junta. Elegido secretario general del PSOE en Suresnes, hizo, sin embargo, una declaración en su contra. En honor de Trevijano es de justicia decir que no se opuso nunca a los contactos de Don Juan con los dirigentes de la Junta.

Socialdemócratas de Ridruejo, democristianos de Gil-Robles, liberales, la Izquierda Democrática de Ruiz-Giménez, algunos grupos socialistas de Cataluña, un sector del PNV y otros varios partidos que no aceptan la Junta Democrática, todos ellos en buena relación con Don Juan, crearían un año después la Plataforma de Convergencia Democrática, en la que se integrarán posteriormente el PSOE, UGT y otros sectores, partidos y grupos, de diverso pelaje. El clamor por la libertad del pueblo español ha puesto cerco a la dictadura.

El 27 de septiembre de 1974 Sainz Rodríguez escribe a Don Juan una carta con asuntos de trámite. En un P.S., apuñala de nuevo a Trevijano. “Después de la bomba -escribe- con intervención comunista, ¡qué posición tan desagradable para V.M. si Trevijano hubiese logrado sus maniobras!” Pero el Rey no está convencido de que Sainz Rodríguez y Pemán tengan razón y continúa dudando de si debió hacer las declaraciones a Le Monde y asumir abiertamente el liderazgo de la oposición democrática. El 28 de mayo de 1974 Rafael Calvo Serer le escribiría desde París una carta de siete folios, en la que le reprocha no haber hecho las declaraciones e insiste: “Me atrevo a repetir lo dicho entonces: que, a la vista del curso que sigue la vida pública de nuestro país, ya no es profecía sino pura constatación histórica, puesto que están siendo aniquilados el régimen de Franco y las posibilidades reales de su sucesor, aún en vida misma del dictador que los creó, y que ha quedado reducido a la impotencia política y biológica sin darle paso al Príncipe Juan Carlos y sometiéndole además a su propio desgaste.” Pedro Sainz Rodríguez se mantiene firme en su estrategia para la Restauración. La realidad es que todo su plan estuvo a punto de zozobrar en junio de 1974 con la intervención de Trevijano. Si no llega a ser por Pemán, el joven notario hubiera derrotado al viejo zorro monárquico. La carta de Calvo Serer pasa, sin embargo, con pena y sin gloria por el ánimo de Don Juan.

DON JUAN, TREVIJANO, PEDRO SAINZ, PEMÁN Y ANSON
     FUENTE: El Imparcial
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