A PURE THEORY OF DEMOCRACY

     Sin título

Prefacio del traductor

I

     En su ciclo de conferencias sobre la democracia a lo ancho de los EEUU, Thomas Mann empezaba con una disculpa. ¿Cómo osaba un europeo venir precisamente a este país a dar lecciones sobre lo que significa la democracia? Quizá con más razones que Thomas Mann, que sólo lidiaba con la creciente desaparición de las libertades civiles en Europa debido al surgimiento del totalitarismo, y no por la ignorancia de la democracia entendida como forma de gobierno, la misma disculpa podría anteponerse aquí. En cualquier caso, la publicación de Una Teoría Pura de la Democracia en países de habla inglesa, y por una editorial universitaria estadounidense, plantea un reto a todos, no sólo a europeos o norteamericanos: el de reflexionar acerca de los principios y acciones de distintos regímenes políticos que se llaman a sí mismos democráticos, sin serlo, y el de repensar qué significa de verdad la palabra democracia en un mundo donde el más cruel tirano se la atribuye. El autor dice que, salvo un párrafo de J. Santayana en su obra La Vida de la Razón (capítulo quinto de “Razón en la Sociedad”), nadie distingue con precisión la democracia formal de la material, la referente a la forma de gobierno y la que expresa un ideal de igualdad inalcanzable. Y que esta confusión la produjo la, sin embargo, admirable Democracia en América de Tocqueville.

     La obra que traduzco está dedicada a explicar en qué medida se necesita una teoría pura de la democracia en nuestro mundo contemporáneo. Podríamos anticipar muchas justificaciones a lo que quizá algunos se complazcan en llamar un intento arrogante o imposible de depurar la democracia de todas las ideologías que la contaminan. Uno podría argüir, por ejemplo, que los enfermos pueden conocer mejor la enfermedad que los sanos. Y quizá por esta razón, un europeo, plenamente consciente de las implicaciones de un sistema democrático verdadero, puede arrojar nueva luz sobre la democracia y desarrollar una teoría articulada capaz de integrar en el mundo europeo, y actualizar en el norteamericano, aquellos elementos que pertenecen a las ideas originales de los padres de los EEUU, así como a las de sus predecesores, en concreto Montesquieu y Locke. Pero una teoría de la democracia, que puede ser utilizada para la acción política en sociedades desarrolladas, no debe detenerse en los clásicos. Necesita renovarse a sí misma, penetrando en niveles de pensamiento y hontanares de acción más profundos que los hasta ahora considerados. Tal como se plantea en el principal capítulo de la obra (el VII), éste es el momento donde la teoría de la separación en origen de los poderes estatales, que para el autor fue consolidada en los EEUU y rechazada en Europa, puede conjugarse con la idea de Rousseau de que la representación no es posible allí donde el re-presentado, el pueblo, se hace presente en el escenario público. Así se haría posible una regeneración de las instituciones democráticas en EEUU, y una instauración de la democracia en Europa, desde sus propios fundamentos: libertad de acción de los gobernados e igualdad de derechos civiles y políticos.

     No es mi intención dar al lector un esquema de la obra. El libro es en sí mismo un conciso resumen de décadas de acción y meditación políticas a cargo de una figura única, sin antecedentes en la historia de las ideas y de la acción política. La traducción de Una Teoría Pura de la Democracia es quizá más apropiada que la de cualquiera otra de sus numerosas publicaciones, y también la que requeriría menos comentarios o notas explicativas. Tal y como el autor afirma en muchos lugares, el objetivo consiste en construir una sólida teoría pura de la democracia de base científica, precisa en sus ideas e instituciones, y capaz de legitimar la acción política de la libertad colectiva. Aquí sólo hago una introducción a la vida y obra del hombre de acción pública y pensador de la libertad, García-Trevijano, así como al contexto en que este libro fue concebido y escrito.

II

     El rango y la extensión de los conocimientos de García-Trevijano, tanto en la teoría política como en la historia de los grandes acontecimientos de la humanidad, del mundo clásico y del moderno, así como en estética, arte, filosofía, economía, jurisprudencia y sociología, son abrumadores. Nació en Granada, España, el 18 de julio de 1927, y ha sido profesor universitario, notario y abogado de renombre internacional. Pero sobre todo ha sido, y sigue siendo, un pensador y organizador político de transcendencia histórica, desde los últimos años de la dictadura franquista (finales de los sesenta y primeros de los setenta) hasta el día de hoy. En el año 2008 fundó un Diario que aglutina algunos de los mejores escritores y ensayistas del país. Se trata del único periódico que denuncia sin cesar la ausencia de democracia en España y Europa continental, con un diseño conceptual que lo diferencia de toda la prensa mundial.

     Durante y después de la dictadura, fue detenido, torturado, amenazado de muerte, encarcelado y difamado por el Régimen, a causa de sus ideas y de la acción emprendida como promotor, organizador y coordinador de la Junta Democrática y la Plataforma de Convergencia, la unión de toda la oposición al Régimen franquista que se proponía obtener de modo pacífico la ruptura democrática de la dictadura. Pero los partidos políticos hasta entonces clandestinos, y en teoría democráticos, sin respetar el compromiso firmado con García-Trevijano, y a sus espaldas, pactaron sigilosamente con el Gobierno dictatorial un cambio liberal, pero no liberalizador del Régimen, que acabó por denominarse “Transición Española”. García-Trevijano siempre estuvo convencido de que las libertades otorgadas desde arriba no conducirían a la libertad política. Los partidos de oposición, incluído, para su propia sorpresa, el Partido Comunista, no quisieron abrir un incierto período de libertad constituyente, en el que los españoles pudiesen decidir libremente la forma de Estado y de gobierno que deseaban, y eliminaron el riesgo que para ellos suponía la libertad, acordando por consenso, y en secreto, una Constitución que les beneficiaba, dándoles el monopolio legal de la acción política y sindical. Una Constitución aprobada por una Cámara legislativa (1978) sin poder constituyente, ni libertad política en la sociedad civil, que no separa los tres poderes estatales, ni permite la representación de la sociedad, pues el sistema proporcional de listas solo permite representar a los jefes de los partidos que las hacen. García-Trevijano denunció en la revista Reporter lo que se estaba cociendo para evitar toda posibilidad institucional de controlar al Poder ejecutivo, que tendría en sus manos al legislativo y al judicial. Eso le dio autoridad moral para mostrar después que lo que siguió a la dictadura, y existe todavía, no era un producto de la libertad política, sino una pseudo-democracia, que él llama “oligarquía de partidos sindicados” o “sinarquía”.

     Antes de la Transición, García-Trevijano, que siendo republicano antifranquista gozaba de la confianza de Don Juan de Borbón (1913-1993), entonces pretendiente al trono de España, redactó las cartas de éste a Franco y a su hijo, el rey Juan Carlos I (julio de 1968), en las que negó al primero su derecho a designar un Sucesor contra el titular de la dinastía, y al segundo, su legitimidad para aceptar ese título otorgado por un dictador, contra la voluntad de su padre y del principio sucesorio en toda Monarquía. En entrevista personal, García-Trevijano me informó de que, sin mencionar a Montesquieu, la carta a su hijo decía que si aceptaba el trono que le ofrecía el dictador, instauraría una “monarquía sin honor”. Este episodio es digno de ser recordado porque desvirtúa la propaganda del rey leal, héroe nacional, que trajo la democracia para todos los españoles. Tal propaganda fue tan global y efectiva que ha sido creída no solo por los españoles, sino por casi todo el mundo. El señor García-Trevijano ha hablado en televisión, radio, prensa, conferencias en ateneos y auditorios universitarios, sobre éste y otros asuntos de capital importancia, que los españoles informados conocen, pero que nadie se atreve a decir en público, como la implicación de Juan Carlos I en el golpe de Estado militar en 1982. Las ideas y acciones de García-Trevijano lo convirtieron en el enemigo público del anterior Régimen, según lo definió el propio Franco en dos Consejos de ministros de 1974. La Monarquía lo encarceló, difamó y desterró al ostracismo interior. Pocos españoles pueden oír hoy la voz de este hombre público ejemplar. No obstante, algunas de sus intervenciones en televisión están ya en la red informática.

     En 1968, García-Trevijano fue llamado por los independentistas de Guinea, una vieja colonia española en África ecuatorial, para que les ayudara en la concepción y redacción de la Constitución para la Independencia. Pese a ser aprobada por la gran mayoría de los delegados guineanos que asistieron, en Madrid, a la Conferencia Constitucional convocada por el Gobierno español, éste clausuró la Conferencia y, contra la voluntad de los delegados guineanos, impuso por decreto la Constitución diseñada por el Ministerio de Asuntos Exteriores, y que sirvió de plataforma a Francisco Macías para convertirse en Presidente vitalicio y dictador de Guinea. El señor García-Trevijano fue procesado por alta traición ante el tristemente famoso Tribunal de Orden Público. Pero el senegalés Diallo Telli, entonces Secretario General de la UEA (Unidad Africana), elevó al propio Franco la advertencia de que romperían sus relaciones con España si el señor Trevijano era condenado. El proceso judicial fue sobreseído y, en su lugar, el Régimen franquista emprendió una campaña de difamación que, luego, el PSOE reverdeció a finales de 1976 para apagar la voz del estratega de la ruptura democrática de la dictadura. Como él dice en un breve libro, Toda la Verdad: Mi Intervención en Guinea, una vez difamado sin posibilidad de réplica en los medios de comunicación, la mancha de la difamación es tan dañina que nunca se llega a limpiar del todo, pues siempre queda algún residuo de sospecha en el subconsciente de quienes la creyeron.

     No obstante, sus acciones políticas de gran envergadura continuaron durante la dictadura y los primeros años de la Monarquía. Al recibir serias amenazas de muerte, respondió con un libro que al menos diese testimonio del valor democrático de sus ideas, en caso de que fuese finalmente asesinado. Así nació La Alternativa Democrática (1978). Esta obra demuestra el rigor de un observador y un pensador en la cumbre de sus poderes intelectuales. En ella García-Trevijano prevé el futuro económico, social y político de España con gran precisión, y aunque toca muchos puntos de los que trata el libro que el lector tiene ahora en sus manos, deja explícitamente de lado las cuestiones de pensamiento teórico sobre la democracia, con la promesa de hacerlo si la azarosa circunstancia de su vida se lo permitía. El público interesado en sus ideas políticas tendría que esperar dieciséis años para leer El Discurso de la República (1994), centrado en la reflexión crítica sobre los nacionalismos, cuando la palabra Republica era tabú en España, y nadie se atrevía a denunciar la demagógica ley del péndulo que, contra el extremo centralismo nacionalista de Franco, empujaba al extremismo de los nacionalismos independentistas de Cataluña y País Vasco. Nadie analizó el terrorismo de ETA con la lucidez de García-Trevijano. Entretanto escribió originales ensayos de política y arte, otra área de su investigación innovadora, para los principales periódicos españoles.

     Cuatro años después, García-Trevijano publicó una deliciosa obra maestra, Pasiones de Servidumbre (2000). Inteligente y plagado de humor, este ensayo de psicología social se dedica principalmente a analizar el demagógico mundo cultural creado por la sociedad de consumo y la guerra fría. Con capítulos menos interesantes para los no residentes en España, debido al enfoque casi primordialmente latino y católico en algunas de las pasiones analizadas, este libro es una de esas creaciones que en el futuro será admirada como las obras clásicas. Arraigada en pasiones colectivas universales, pero vertida con brillantez inusitada a las costumbres de nuestra época, Pasiones de Servidumbre constituye una obra maestra de análisis psicológico individual y colectivo, a la altura intelectual y literaria de obras tan innovadoras y valiosas como los Caracteres de J. de La Bruyere lo fueron para su tiempo cortesano.

     Siguiendo el impulso de una de sus más ardientes pasiones, García-Trevijano ha publicado recientemente un gran libro, Ateísmo Estético: Arte del Siglo XX (2008), en el que su sensibilidad estética diferencia al arte moderno, verdadera renovación del arte clásico, del arte que él llama modernitario, una manifestación ideológica de la demagogia igualitarista que desde poco antes de la guerra europea hizo retroceder al arte a su primitiva condición artesana y que, irónicamente, ha llenado los museos y los salones de la gran burguesía con aquel arte abstracto de un solo color, lineal o informal, creado por el bolchevismo para una sociedad sin clases o de una sola clase. Antes de esta obra publicó una investigación del arte escultórico del Renacimiento, Donatello modela la Infancia, donde nos regala el descubrimiento de un inédito bajorrelieve en bronce de Donatello que retrata al infante Lorenzo de Medicis, en 1457, revestido con los hábitos de San Juan Bautista. Este trabajo de investigación ha sido desarrollado y justificado con una lógica del descubrimiento de obras antiguas, paralela a la lógica de los descubrimientos científicos, en un profundo y erudito ensayo sobre las esculturas más famosas de Donatello, La Revolución Cultural del Último Donatello, todavía inédito, donde demuestra de modo riguroso y metódico que una de las obras maestras de Donatello, su David, es el joven dios Mercurio con la cabeza de Argos a sus pies; y que los bajorrelieves de la Pasión, en la Iglesia de San Lorenzo de Florencia, fueron inspirados por el hermetismo cristiano de Cosme de Medicis y Marsilio Ficino.

     Actualmente prepara una “Teoría pura de la República Constitucional”, que será editada al final de este año 2009. Muchos fragmentos temáticos han sido dados a conocer por anticipado en su blog WWW.ANTONIOGARCIATREVIJANO.COM, que ha operado como impulso de un movimiento ciudadano para establecer la democracia en España. Además ha fundado el ya mencionado Diario digital (WWW.DIARIORC.COM), cuyos articulistas y ensayistas analizan los hechos y acontecimientos del día para comprenderlos y explicarlos por la falta de libertad política y democracia en los factores que los causan.

III

     Como traductor y admirador suyo, he querido ofrecer a los lectores de lengua inglesa una versión fidedigna de lo que personalmente considero un tremendo avance en la teoría y en la praxis política de la libertad, tanto por la claridad conceptual de su sólida construcción, como por las consecuencias prácticas que se derivan de ella. Creo que esta obra, única en muchas de sus dimensiones, será leída y estudiada con sumo interés y placer por el ciudadano común y el académico. Las ideas derivadas de la libertad política, si son verdaderas y coherentes, traen alegría y consuelo, como el gran arte, y abren nuevas posibilidades de reflexión y de acción para todos.

     Soy demasiado consciente de las imperfecciones de esta traducción. Ruego, pues, al lector que la considere tan solo como un primer intento de verter al inglés todos los matices y riqueza conceptual que contiene la obra. Confío en que un traductor más competente, con conocimiento profundo de los campos cultivados por el autor, se tope algún día con este texto y se apiade de mi esfuerzo. En todo caso, dedico con gratitud esta traducción al propio autor, un hombre que ha demostrado constantemente esa rara combinación de profundidad, claridad y concisión en la expresión de ideas y pensamientos originales, deducidos de los hechos observados, con la honestidad mental y el coraje social necesarios para enfrentarse a las ideas dominantes de estos tiempos de confusión moral, y que me ha provisto de lo necesario para traducir su fecundo trabajo intelectual. Expreso aquí mi infinita gratitud hacia Laura McLean, sin la que esta traducción no habría sido posible. No puedo pensar en una persona más indicada y capaz de ayudarme en la tarea encomendada. Y, por último, me gustaría dar las gracias a mi mujer, Tasha, por su apoyo a lo largo de todo el proceso de traducción y por haber dado el formato definitivo al texto.

     El autor no utiliza notas. Todas las que figuran en el texto son, pues, mías. He procurado mantener un mínimo de ellas, siempre referentes a información poco o difícilmente asequible. Muchas de las citas del autor han sido traducidas directamente del español al inglés por mí mismo, incluyendo aquéllas de Shakespeare, William Blake u otros autores ingleses, excepto donde anoto lo contrario. Entiendo bien que, siendo como poco indeseable, era inevitable, pues la mayor parte de las citas en el texto original no contienen referencias exactas. Hombre de lecturas considerables, García-Trevijano me ha explicado que a menudo cita de memoria para no interrumpir el hilo de su pensamiento. Cuando faltando la referencia he conseguido hallar el original, he confirmado siempre la precisión de las citas.

Miguel Rodríguez de Peñaranda
Vancúver, marzo 2009.

 

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