Hegemonía cultural, centro político y ventana de Overton

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     El concepto de hegemonía cultural es fundamental en sociología política. Su primera formulación teórica se debe Antonio Gramsci (Ales, Cerdeña, 22 de enero de 1891 – Roma, 27 de abril de 1937) filósofo, teórico marxista, político y periodista italiano. Gramsci formuló sus ideas de forma un poco dispersa en su obra “Cuadernos desde la cárcel, en el contexto de la convulsa Italia de los años 20 del siglo XX, en pleno auge del movimiento fascista mussoliniano y del comunismo.

     Desde un aspecto social, se entiende como «hegemonía cultural» – según se lee en la obra de Antonio Gramsci – la dominación y mantenimiento de poder que ejerce una persona o un grupo para la persuasión de otro u otros sometidos, minoritarios o ambas cosas, imponiendo sus propios valores, creencias e ideologías, que configuran y sostienen el sistema político y social, con el fin de conseguir y perpetuar un estado de homogeneidad en el pensamiento y en la acción, así como una restricción de la temática y el enfoque de las producciones y las publicaciones culturales.

     El término hegemonía deriva del griego «hegesthai», que significa «conducir», «ser guía» o «ser jefe». No obstante, se contempla que provenga de la acepción del verbo «eghemoneno» que significa «guiar», «preceder» o «conducir» y de la cual derivan los significados «estar al frente», «comandar» y «gobernar».

     De forma muy inteligente, Gramsci se separa de los comunistas y los fascistas (cuyo objetivo declarado era “la conquista del estado” por cualquier medio, incluida la violencia) y, en su lugar, aspira primero a la conquista de la hegemonía en la sociedad civil. Según el propio Gramsci, un gobernante no puede ir contra la hegemonía cultural. Quienes no entienden esto, fracasan tarde o temprano.

     Una consecuencia de esto es que resulta imposible gobernar un pueblo contra su identidad nacional y cultural. De acuerdo con esto, muchos movimientos políticos y sociales buscan primero la hegemonía cultural y, desde ahí la política. Crean en la sociedad civil las condiciones que, más adelante, crearán en el estado. Más aún, según el propio Gramsci, el estado no civiliza, y las luchas por la hegemonía no se producen en el interior del estado ni dentro de la sociedad política, sino en la sociedad civil. Es decir, la conquista del poder se hace a través de la hegemonía, y el campo de batalla es la sociedad civil. El grupo político o partido que aspire a la hegemonía tiene que evacuar toda la retórica extremista. Por la misma razón, tampoco puede funcionar a largo plazo las ideologías fundadas en “la negación de algo“.

     Hegemonía cultural no es lo mismo que hegemonía política o militar, ni primacía. La hegemonía política, la militar o la primacía se pueden mantener por la fuerza, sin embargo, sin hegemonia cultural son inestables.

     El interés por la obra de Antonio Gramsci tuvo un pico sin precedentes en la década de los 70 del siglo XX. Cantidades de trabajos se escribieron en torno al pensamiento del comunista italiano, que destacaban diferentes aspectos de su compleja producción, pretendiendo darle un sentido integral a las notas dispersas de su período carcelario. Justamente la característica no articulada de sus cuadernos de la cárcel, y el hecho mismo de que su autor no los haya revisado para su publicación, ha dado lugar a las más variadas interpretaciones teóricas y políticas.

     Recientemente,  asistimos a un cierto “empoderamiento” de la sociedad civil gracias a las nuevas tecnologías de la información, y las redes sociales. Aunque quizá sólo estemos asistiendo a la aparición de una nueva hegemonía, ya que estudios en campo muestran que apenas un 1% de los internautas genera contenidos nuevos, el 9% los amplifica y 90% simplemente los asimila.

     Según Antonio García-Trevijano, la hegemonía cultural existe en la sociedad civil, pero está “embridada”, como un caballo, es decir, la sociedad civil carece de medios propios para realizar cambios por sí misma y es necesaria la intervención de una clase o principio intermedio, la clase política, que es la que tiene el poder.

     De este modo, surge el gobierno, que es la combinación de la fuerza física (policía, ejército jueces, es decir, potestas) con la hegemonía cultural (lo único que permite controlar al resto de poderes rivales, intelectualidad, ideas, es decir, autoritas).

     Según García-Trevijano, todos los gobiernos son de ideología de centro o no son estables, incluso los dictadores y tiranos, son de centro dentro del grupo hegemónico que los apoya. Todo gobernante es centrista porque, si no, no podría gobernar. Todo gobierno está formado por un equipo que representa el centro del país. El centro es una virtud, no una idea.

     “Contra la idea inicial que impulsa a un grupo social a ganar el poder, [el centro] es formar un gobierno formado con arreglo a la virtud de Aristóteles del punto medio.”

     Esto quiere decir que el centro ideológico no existe, ya que es simplemente una técnica de gobierno, consistente en rodearse de ministros y asesores que se encuentren en posiciones ideológicas diferentes. Todo gobernante tiene siempre un ala a su izquierda y otra a su derecha. El gobernante se rodea, así, de personas que representan a las diferentes sensibilidades y se sitúa a sí mismo en el centro. Por ejemplo, los ministros del interior y de asuntos exteriores suelen ser de derechas, obsesionados con el orden público, mientras que los ministros de asuntos sociales suelen ser del ala más izquierda y socialdemócrata. Cuando un ala fracasa, se produce una crisis de gobierno y la otra “tira” hacia su lado, moviendo el “centro”.

     La idea de centro político fue usada por primera vez por el Partido de Centro, también conocido como Partido de Centro Católico (“Centrum”) del canciller alemán Franz Von Papen, y que fue votado masivamente en la Alemania pre-nazi. Hasta esta época, los partidos eran sectoriales (agrario, tory, comercio, liberal, conservador…etc.).

     Estas ideas están relacionadas con otro concepto muy importante de ciencia política: La ventana de Overton, que es:

     “Una teoría política que describe como una ventana estrecha el rango de ideas que el público puede encontrar aceptable, y establece que la viabilidad política de una idea es definida de forma primaria por este hecho antes que las preferencias individuales de los políticos.”

     Es decir, según Overton los políticos exitosos adaptan su discurso a lo políticamente aceptable, y no al revés. Dicha ventana no es estática, sino que cambia de forma espontánea (o provocada) con el tiempo.

     De acuerdo con el propio Joseph Overton, en cada momento, las ideas políticas se clasifican según su proximidad a dicha ventana:

  • Impensables  (consideradas inmorales, extrañas, dañinas o perniciosas)
  • Radicales (consideradas excéntricas y minoritarias)
  • Aceptables (consideradas dentro de los patrones normales y aceptables)
  • Sensatas (comprensibles por una proporción significativa de la población)
  • Populares (aceptadas por una proporción significativa de la población)
  • Políticas (adoptadas por políticos como parte de su programa)

     Decía, de forma algo cínica, el Conde de Romanones, político español de principios del siglo XX, que:

     “En política, ‘jamás’ significa ‘de momento, no es prudente’”

Referencias:

 

FUENTE:

Blog Teoría Antropológica y Sociológica

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