LA ALTERNATIVA DEMOCRÁTICA COMO ACCIÓN POLÍTICA

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     LA ALTERNATIVA DEMOCRÁTICA (1977)

     Antonio García-Trevijano Forte

 

     II — La alternativa democrática como acción política

     2. (…)

     “En España, si se prescinde del concepto de partido como organización, no hay verdaderos partidos en el sentido riguroso y orgánico del término. Porque no tienen un proyecto realizable del Estado que le sea propio, ni una concepción global de la moderna vida social. Todos saben que necesitan de las alianzas con otros partidos de muy distinta ideología para llegar al poder, mejor dicho, para llegar a compartir el poder. La necesidad de esas alianzas futuras les determina desde ahora el contenido de su propia ideología particular, y la renuncia a la idea universal que motivó justamente el nacimiento del partido. Hoy nacen partidos, o se programan los partidos históricos, para alcanzar el diez, el quince o el veinte por ciento de los votos. Por ello están indefensos contra el oportunismo que la necesidad de la alianza impone. Sólo un partido revolucionario, dentro de la concepción leninista o blanquista de la conquista del poder, o un partido testimonial de oposición permanente, sin vocación de Gobierno (lo cual sería tremendamente inquietante, pero bastante irresponsable), pueden permitirse el lujo de no ser oportunistas bajo un sistema político sin libertades.

     Considerada desde su aspecto colectivo, y con independencia del valor y la consecuencia personal de algunos de sus dirigentes, la vida política de los partidos durante la era de Franco, salvo en los partidos revolucionarios, se ha limitado a mantener la ilusión de ser un centro de referencia de poder futuro. Nada más natural que su actividad quedara agotada en las disputas por el control de unas siglas, o de la marca de una ideología pasada o exótica, y en las intrigas permanentes de las distintas camarillas personales. Durante cuarenta años estos partidos sin base han buscado en la política de tertulia, en los claustros universitarios, en los Colegios profesionales, en las empresas editoriales, el <status> de prestigio social que les negaba la oficialidad de los prestigios públicos del Régimen. Han buscado durante cuarenta años un sustitutivo del poder al que no podían aspirar. Y ahora, cuando realmente pueden aspirar al poder, siguen persiguiendo un sustitutivo: estar presentes en el órgano que expresa el poder, en el órgano que lo aparenta, en el Gobierno. Esta falta de ambición, producto de su larga impotencia, les impide concebir o ver tareas difíciles de realizar para las que no están preparados. No aspiran más que a entrar en las Instituciones. No pueden detectar la crisis de Estado, porque no tienen la gran pasión del poder. Sólo detectan la crisis de Gobierno porque tienen la pequeña ambición de figurar, es decir, de hacer figura de gobernantes. El papel de figurantes sólo lo pueden alcanzar mediante el pacto con sus homólogos del Régimen, los figurantes del franquismo.

     Pero este oportunismo de los partidos políticos actuales no es un fenómeno de orden exclusivamente moral, que provenga de una falta de carácter de sus dirigentes, sino la expresión política del oportunismo social que el franquismo ha provocado en todos los sectores y clases sociales, durante la etapa del crecimiento económico, a consecuencia de la falta de libertades políticas.”

 

FUENTE:

PUBLICACIÓN de Ioana Ghemu en el Grupo del MCRC en Facebook

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