TEORÍA PURA DE LA REPÚBLICA – LIBRO TERCERO. Capítulo VII. FILOSOFÍA DE LA ACCIÓN CONSTITUYENTE (V).

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     “La Constitución de los EEUU no sólo ha sido la primera y, hasta ahora, única respuesta a la organización inteligente de un Estado moderno. Ha sido la primera filosofía de la acción constituyente de la libertad política y de la República Constitucional. En comparación con la filosofía de la acción colectiva que la construyó y la ha mantenido, Platón y Rousseau son lo que nunca dejaron de ser. Maravillosos poetas de ideas universales o del ucrónico, atópico y distópico pacto social. Aquella afortunada experiencia americana, como la exitosa postguerra parlamentaria inglesa culminada en 1688, tienen de común que fueron consecuentes a conflictos bélicos, en contraste con la malaventurada Revolución francesa, motivada por ideas ilustradas de reforma pacífica del Estado tradicional. El hecho de que también la Revolución Rusa estuvo ligada a la guerra europea, puede conducir al error del gran historiador Mathiez, que confundió los factores históricos de las revoluciones, que las propician pero no determinan, con la acción principal que triunfa, o con los poderes constituyentes de las Constituciones que fracasan respecto de la libertad política colectiva.

     Distinguir entre acción continuada y potencia de actualizar relaciones de poder, tiene importancia capital para el concepto de filosofía de la acción constituyente de la libertad. Siendo conceptos diferentes, pues el poder actuante presupone la acción que lo constituye como tal, la doctrina no los distingue. En el mejor de los casos se ha contentado con englobarlos en la acción del sujeto o grupo constituyente. Para Friedrich, “no demasiado pocos”, “la parte más inteligente e importante” de la sociedad (obra citada, p.132). Pero los criterios cuantitativos o cualitativos sólo pueden identificar al grupo constituyente una vez consumada su proeza. No son pautas de la acción política, sino de la historia constituyente. La sustitución de la teoría de la acción colectiva por la simple cuestión de identificar al grupo constituyente que promovió o hizo la Constitución formal, crea un problema insoluble y una contradicción inevitable. El problema de no saber nada de la cuestión hasta el fait accompli. La contradicción de considerar Constituciones las no formalizadas en un texto, como en el Reino Unido o Israel, que vienen constituyéndose como acción continuada, sin unidad de grupo constituyente simultáneo.

     De esta contradicción no escapa la inteligente obra C. Friedrich, por el simple hecho de llamar funcionales a las constituciones no realizadas en el mismo tiempo, ni en un mismo texto. Las que antes se llamaban constituciones materiales o leyes fundamentales del Reino. Incluso las enmiendas constitucionales en los EEUU, siendo productos del mismo poder constituyente, reservado en la propia Constitución, no han sido debidas a un mismo grupo constituyente, pues éste ha variado en el tiempo al compás de la hegemonía política de los partidos societarios.”

 

Antonio García-Trevijano Forte

 

TEORÍA PURA DE LA REPÚBLICA

LIBRO TERCERO. Capítulo VII. FILOSOFÍA DE LA ACCIÓN CONSTITUYENTE.

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