TEORÍA PURA DE LA REPÚBLICA – LIBRO TERCERO. Capítulo VI. PRESIDENCIA DEL CONSEJO DE GOBIERNO. PODER EJECUTIVO DEL ESTADO (XXII).

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     “Para salvar la posibilidad de libertad política en la Monarquía de su tiempo, Montesquieu ideó un mecanismo de balanzas y frenos del poder, separando el ejecutivo del legislativo, para que se vigilaran mutuamente y cada uno impidiera, por su propia ambición, por celos, el abuso de poder del otro. El sistema funcionó bien donde fue aplicado. En las Repúblicas de EEUU y Suiza. Pero ese mecanismo, que sólo fue ideado para mantener en equilibrio la relación entre dos poderes políticos iguales, no podía resolver el problema creado por el Directorio de la Revolución, y continuado hasta hoy, de la colusión del poder ejecutivo y las finanzas privadas, de los gobiernos y la clase dominante en la economía nacional, primero, y en la internacional después. Un poder ejecutivo que puede provocar una guerra ofensiva por motivos económicos, aunque el legislativo apruebe la declaración bélica, ya no es un poder sino una potencia incontrolada.

     Esta diabólica colusión, fundante de la modernidad, ha creado un nuevo tipo de desequilibrio entre los dos poderes estatales, prestando al ejecutivo la potencia del capitalismo, al que sirve de instrumento institucional y del que recibe su apoyo extra-político. La entente de los gobiernos con los centros financieros y las corporaciones de la economía globalizada, somete el poder legislativo de las Naciones al imperio del poder ejecutivo de los Estados colusivos con el gran capital. Si el peligro del parlamentarismo era el endiosamiento de la representación de la soberanía popular, omnipotente hacedora de gobiernos a su antojo, la potencia incontrolada del poder ejecutivo ha llegado a ser hoy la espada de Damocles suspendida sobre los gobernados por el corrompido hilo de las finanzas mundiales, que ningún Estado controla en la actual economía globalizada. Un pacto explícito o tácito tan universal y profundo entre la clase política y la clase financiera, que incluso en los EEUU ha deteriorado la vida política con guerras sucias por el control del petróleo, y carreras desenfrenadas hacia la especulación bursátil y monetaria impulsadas por los gobiernos, hasta causar la mayor crisis económica del mundo actual. Las instituciones de crédito privado y público, las grandes empresas transnacionales y los gobiernos izaron a media asta la bandera de la bancarrota del capitalismo, para no reconocer la quiebra política de los Estados que han fundido sus visiones del mundo con las del gran capital. El anterior presidente de EEUU dio triste prueba de su colusiva impotencia, y el Jefe del Estado francés, de su demagogia.

   Ante esta moderna colusión, el poder legislativo muestra la penosa impotencia de un David sin honda, mientras que el poder ejecutivo exhibe la arrogante potencia de un Goliat con casco protector de su frente. Todos los Estados, aún concertados, no podrían refundar lo no fundado, el capitalismo, pero uno sólo puede fundar la democracia para equilibrar la relación de poder entre el enclenque legislativo y el coloso ejecutivo.”

 

 

 

Antonio García-Trevijano Forte

TEORÍA PURA DE LA REPÚBLICA

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