TEORÍA PURA DE LA REPÚBLICA – LIBRO TERCERO. Capítulo VI. PRESIDENCIA DEL CONSEJO DE GOBIERNO. PODER EJECUTIVO DEL ESTADO (XIV).

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     “El censo de electores en las elecciones presidenciales es el mismo que en las legislativas. Pero el censo de elegibles lo determinaría en la República Constitucional una previa designación de candidatos, en modo alguno parecida a las elecciones primarias de EEUU. Esta forma de selección de candidatos a la Presidencia estuvo justificada a finales del XVIII, en un país muy grande y una población pequeña diseminada por todo el territorio de los Estados federados, donde no se conocía la vida política de un Estado en la del Estado vecino. Era tan natural como lógico que los partidos solamente pudieran formarse, en cada Estado, con arreglo a unos criterios ideológicos que fueran comunes en todos los demás. Aunque se puedan presentar a las elecciones presidenciales candidaturas independientes de los dos grandes partidos, la tradición, el sentido común y los obstáculos materiales -en el número de firmas y coste financiero de sus registros de validación (en Florida, medio dólar por firma), han impuesto la costumbre de que a la contienda presidencial sólo lleguen los nominados en cada uno de los dos grandes partidos. A veces, algún millonario independiente ha conseguido no sólo ser candidato en las presidenciales, sino alterar con los votos obtenidos el resultado electoral de los dos primeros candidatos.

     Este arcaico y complicado sistema sería inaplicable en Europa, donde la exigencia de un número determinado de firmas parece método más popular y justo que los depósitos de fianzas dinerarias, para asegurar la solvencia moral, seriedad y responsabilidad de los candidatos que no sean propuestos por alguno de los partidos con representación parlamentaria. Si el número de firmas requeridas es muy elevado, se rompe el principio de igualdad de oportunidades con los partidos exentos de este requisito. Pero si es muy pequeño, se abre el arriesgado camino de la aventura o la irresponsabilidad. El aval de las firmas no significa que los firmantes se comprometan a votar al candidato avalado, pero sí que lo consideran digno de ser representativo de algo serio, y políticamente preparado para competir en la elección presidencial. Lo más frecuente en las legislativas es que las firmas las aporten cierto número de diputados, por ejemplo, en Austria y Bélgica, tres; en el Reino Unido, diez. En Finlandia, basta el aval de cien votantes; en Alemania, doscientos votantes registrados; y en Italia, quinientos para la Cámara y trescientos cincuenta para el Senado.”

 

Antonio García-Trevijano Forte

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