TEORÍA PURA DE LA REPÚBLICA – LIBRO TERCERO. Capítulo VI. PRESIDENCIA DEL CONSEJO DE GOBIERNO. PODER EJECUTIVO DEL ESTADO (II).

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     “La relación de poder no es recíproca. Ni en la naturaleza ni en la sociedad. Los gobernados no tienen sobre los gobiernos el poder de éstos sobre ellos. El poder se mide no tanto por el grado de resistencia que lo detiene, como por la extensión del campo que alcanza, en relación con el que la voluntad de poder pretende. El poder de un alcalde de pueblo es más completo y satisfecho que el de un presidente de gobierno. No por ser más intenso e inmediato sobre la población afectada, ni por encontrar en ella menos resistencia, sino por padecer frustraciones de su potencia infinitamente menores. La causa de esta diferencia está en el poder ilimitado que se atribuyó al Estado cuando dejó de unirse a la propiedad de un Soberano. Entonces nació la creencia popular de que el Estado lo puede todo. Confundido con el propio Estado, el endiosado poder ejecutivo hace ostentación de omnipotencia, magnificada en los gobiernos tipificados por la ausencia de control de su poder, como sucede en el Estado de Partidos. En ellos el poder ejecutivo no se manifiesta como un poder. Es el Poder.

     Desde la Revolución francesa, el análisis del poder ejecutivo ha sido despreciado, salvo en su tendencia al abuso en abstracto, en contraste con la atención filosófica y jurídica que han merecido tanto el poder legislativo como el judicial. Antes de la Revolución, y durante milenios, el único problema que ocupó la atención del pensamiento filosófico y humanista fue el de cómo moderar el poder ejecutivo de los Reyes. Se comprende que lo nuevo despertara más interés que lo ya conocido. Los nuevos poderes, separados como ramas especiales de la soberanía, tuvieron que ser definidos y delimitados con precisión, para no desgajarlos y dejarlos sin la savia del tronco común, el del poder ejecutivo, que siguió siendo el poder por antonomasia. La ambición de poder no se dejó engañar por los mitos revolucionaros. Estos decían que la soberanía estaba en el parlamento, en la nación o en el pueblo, pero los parlamentarios querían estar en el Estado, en el Gobierno. Sabían que ahí, y sólo ahí, estaba la soberanía.”

 

Antonio García-Trevijano Forte

TEORÍA PURA DE LA REPÚBLICA

LIBRO TERCERO. Capítulo VI. PRESIDENCIA DEL CONSEJO DE GOBIERNO. PODER EJECUTIVO DEL ESTADO.

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