TEORÍA PURA DE LA REPÚBLICA – LIBRO TERCERO. Capítulo IV. PRESIDENCIA DEL CONSEJO DE LEGISLACIÓN. PODER LEGISLATIVO DE LA NACIÓN (XVIII).

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     “Una cuestión análoga fue estudiada y sometida a crítica por los constitucionalistas anteriores a la guerra europea, cuando se preguntaron si el poder municipal era una concesión del Estado o un derecho histórico y natural de las comunidades de vecinos. Salvo algunas excepciones en la doctrina francesa, la opinión dominante se inclinó por la tesis estatal, incluso en materia de policía municipal, por la triple razón de que el Estado tiene el monopolio legal de la fuerza, el municipio no tiene poder legislativo y el Ayuntamiento carece de medios coactivos propios.

     Estos argumentos ocultan que los Ayuntamientos legislan con Ordenanzas y tienen medios coactivos para aplicarlas. Si carecen de originalidad normativa se debe a que sus ordenanzas sanitarias, urbanísticas o de orden público están calcadas de la legislación del Estado, y éste no tiene reparos en reconocerlas como suyas, creando la apariencia formal de que la potestad municipal es una delegación de la estatal. Todo esto es consecuencia de la concepción positivista del derecho y de la ley como producto exclusivo del Estado. Doctrina que no explica la cantidad de ordenanzas municipales, con valor normativo, que por su peculiaridad vecinal o medioambiental no son asimilables a las leyes deducibles de un espíritu nacional o estatal. ¿Acaso no existen impuestos municipales?

     Aún queda por encontrar el fundamento natural y jurídico que autorice la trasformación de la potestad legislativa, propia de la Cámara de Representantes, en verdadero poder legislativo que promulgue las leyes con fuerza de coerción, propio del órgano nacional resultante de la aplicación sistémica del principio de representación política a la comunidad nacional.

     Pues en una elección de primer grado, los diputados sólo pueden obtener la representación individuada de la circunscripción electoral que los diputa a la Cámara nacional de Representantes. Por si misma, esta Asamblea no representa a la Nación, porque sólo es un agregado de representaciones monádicas separadas. Para crear la representación nacional, la Cámara ha de cumplir el mandato constitucional de dividirse en dos órganos representativos, la Cámara de representantes monádicos y la Presidencia del Consejo de Legislación, con la distinta función de aprobar las leyes y dotarlas de la fuerza coactiva que las representaciones monádicas no tienen.”

 

 

Antonio García-Trevijano Forte

TEORÍA PURA DE LA REPÚBLICA

LIBRO TERCERO. Capítulo IV. PRESIDENCIA DEL CONSEJO DE LEGISLACIÓN. PODER LEGISLATIVO DE LA NACIÓN.

 

Teoría Pura de la República – 3 VOLÚMENES

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