TEORÍA PURA DE LA REPÚBLICA – LIBRO TERCERO. Capítulo IV. PRESIDENCIA DEL CONSEJO DE LEGISLACIÓN. PODER LEGISLATIVO DE LA NACIÓN (XII).

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     “El poder constituyente establece en la Constitución de la República Constitucional una radical diferencia de naturaleza entre las elecciones presidenciales y las legislativas. En aquellas se elige al titular del cargo superior del Estado. A la persona que asume la carga de la administración de la organización estatal y la responsabilidad de definir y dirigir la política del Gobierno, al Presidente de la República. Sus funciones son todas las inherentes al cargo. En las elecciones legislativas se eligen representantes de los ciudadanos para defender sus intereses en la acción de legislar, y para controlar al Gobierno. Las diputaciones no son cargos nacionales ni de distrito, sino encomiendas políticas. Entre ellas, la de integrarse en un colegio nacional con poder legislativo y de control del Gobierno. La distinta función de los elegidos para un cargo y de los elegidos para una representación pide cualidades humanas distintas en el titular de un puesto de imperio y en el representante de ciudadanos sin imperio; en los que han de dirigir voluntades y los que han de anticipar inteligencias; en los que han de mandar y los que han de prevenir las razones de la obediencia; en fin, en la distinta competencia técnica y humana para gobernar o legislar. Por eso, el candidato presidencial no tiene que ser forzosamente diputado.

     Dada la distinta naturaleza de los poderes ejecutivo y legislativo, y la mayor proximidad de aquél a los sectores sociales que sostienen al gobierno, la corrupción amenaza más a los que mandan que a los que sólo tengan representaciones. En la democracia directa, Sócrates no veía mayor bribonada que la de engañar a los ciudadanos haciéndose pasar por hombre capaz de gobernar. En el régimen parlamentario, Gramsci calificaba la inepcia política como bribonería moral. En el Estado de Partidos, sin representación política parlamentaria, la metástasis de la corrupción en la clase gobernante y en los aparatos de los partidos de voto masivo, ha desplazado la simplona granujada del aprovechado de ocasión, hacia el provechoso y tupido tejido de crímenes que reviste de hipocresía el enriquecimiento sin causa de los hombres del Estado. El paso de la bribonería al delito marca el regreso de las costumbres políticas, desde el parlamentarismo a la partidocracia resultante de la guerra mundial.”

 

 

Antonio García-Trevijano Forte

TEORÍA PURA DE LA REPÚBLICA

LIBRO TERCERO. Capítulo IV. PRESIDENCIA DEL CONSEJO DE LEGISLACIÓN. PODER LEGISLATIVO DE LA NACIÓN.

 

Teoría Pura de la República – 3 VOLÚMENES

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