TEORÍA PURA DE LA REPÚBLICA – LIBRO TERCERO. Capítulo IV. PRESIDENCIA DEL CONSEJO DE LEGISLACIÓN. PODER LEGISLATIVO DE LA NACIÓN (IV).

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     “Pero este simple argumento cuantitativo olvida que la mera suma de intereses locales, representados en mónadas electorales iguales, no hace emerger atributo alguno que, no estando en los sumandos, produzca sin embargo el milagroso resultado de crear la representación del interés nacional. La Nación sólo es ontológicamente representable por quien reúna en sí la cualidad representativa y la normativa, la condición voluntaria y la legal, el estado de representante de distrito y el de agente o actor nacional. Si antes de personificarse en el Estado la Nación tenía órganos legislativos, nada se opone a que los siga teniendo después. Una cosa es que el Estado personifique a la Nación y otra que la pueda representar en su interior. El continente no representa al contenido, como tampoco lo personificante a lo personificado. Para ello sería preciso que la Nación tuviera personalidad jurídica. Cuando se dice interés nacional se trata a la nación como objeto y no como sujeto. Esa expresión equivale a la de interés objetivo. Al hablar de leyes nacionales surge la cuestión: ¿son leyes estatales de ámbito nacional o leyes nacionales de ámbito estatal?

     En primer lugar, ha de tenerse en cuenta el dato histórico de que la nación no marcó sus fronteras espaciales, y que el principal motivo de la creación de los Estados renacentistas fue fijar los límites territoriales de las naciones, para evitar los conflictos bélicos que ocasionaba su falta de delimitación. El concepto de soberanía nació como poder absoluto de un soberano sobre un territorio determinado, que se había liberado de la tutela imperial o papal. Soberanía de los Príncipes de sí mismos y por si mismos.

     En segundo lugar, desde el punto de vista normativo, que es el criterio determinante en materia legislativa, la naturaleza prescriptiva de la ley no es diferente de la que tienen las demás normas jurídicas vigentes en una población territorial dada. Los usos y costumbres son normas de valor jurídico equivalente al de las leyes, y sus fuentes están en las naciones, las regiones, las comarcas y los municipios. Nunca en los Estados.

     En tercer lugar, la expresión leyes estatales es una deformación ideológica del derecho, creada por el positivismo en el primer tercio del siglo XX. Salvo las ordenanzas y reglamentaciones de la organización burocrática, y los decretos del Gobierno, el Estado no puede crear las leyes ordinarias ni las de carácter orgánico. Hasta ahora las ejecuta por extensión indebida de su monopolio de la coacción. La ideológica expresión leyes estatales es un eufemismo, para no decir leyes nacionales, difundido por la demagogia de los nacionalismos separatistas, que aceptan estar en un Estado “extranjero” antes que en una Nación matriz. Así sucede en los Estados de Partidos, donde la reacción pendular de los sentimientos abominó a destiempo del nacionalismo fascista, que aún subsiste en partidos independentistas.”

 

Antonio García-Trevijano Forte

TEORÍA PURA DE LA REPÚBLICA

LIBRO TERCERO. Capítulo IV. PRESIDENCIA DEL CONSEJO DE LEGISLACIÓN. PODER LEGISLATIVO DE LA NACIÓN.

 

Teoría Pura de la República – 3 VOLÚMENES

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