TEORÍA PURA DE LA REPÚBLICA – LIBRO TERCERO. Capítulo III. CÁMARA DE REPRESENTANTES MONÁDICOS. POTESTAD LEGISLATIVA (XIX).

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     “El prestigio social es uno de los atributos del poder personal o institucional. Nada es más desconsolador que atribuir cualidades prestigiosas a personas que no las tienen, antes ni después de alcanzar la riqueza o el poder. Los méritos del azar o de la bajeza aduladora son falsos. Cuanto mayor sea el poder más grande será el prestigio social de quien lo tiene. Nadie ha tenido el prestigio de Hitler en su país. Ninguna institución puede tener prestigio si no tiene poder autónomo. La pésima valoración de la clase política no es debida a su falta de moral, cultura y lealtad, eso más bien son requisitos del éxito de sus ambiciones sin causa. Lo que la rebaja al último nivel de los prestigios es la falta de poder autónomo de los Parlamentos de Partidos.

     Los jefes de partido tampoco son valorados antes de alcanzar el poder de gobernar y legislar. Lo más despreciable no es lo ridículo, sino lo irrisorio. Nada lo puede ser tanto como estos legisladores que no tienen capacidad de pensar las leyes que aprueban sin instrucciones de sus jefes de partido, ni poder suficiente para promulgarlas. Las condiciones para que una Asamblea legislativa sea respetable, respetándose a sí misma, son dos: representación política de la sociedad y poder de promulgar las leyes. Sin estos requisitos no es más que una irresponsable payasada bien retribuida.

     La primera condición de respetabilidad parlamentaria la cumple el sistema electoral mayoritario, que elige representantes políticos y no comisarios de partido. La lealtad de los diputados asegura el respeto de los representados. La segunda condición, el poder de promulgar las leyes, requiere la ruptura de la tradición europea, iniciada en una Revolución francesa que atribuyó esa facultad al poder ejecutivo del Estado. Ya se han explicado antes las razones jurídicas y políticas de la pretensión de la República Constitucional de añadir a la función parlamentaria de elaborar y aprobar las leyes, la de promulgarlas mediante la conversión de la mera potestad legislativa en verdadero poder legislador, a través del órgano nacional constituido con la elección del Consejo de Legislación. Esta es la primera revolución institucional de la Teoría Pura. Dar al poder legislativo el mismo rango que al poder ejecutivo, pero con superior prestigio social y cultural, a causa de la mayor relevancia cultural de los hacedores de leyes que la de los ejecutores de las mismas. La historia de la legislación es más significativa de la idiosincrasia política de los pueblos que la historia de sus gobiernos.”

 

 

Antonio García-Trevijano Forte

TEORÍA PURA DE LA REPÚBLICA

LIBRO TERCERO. Capítulo III. CÁMARA DE REPRESENTANTES MONÁDICOS. POTESTAD LEGISLATIVA.

 

Teoría Pura de la República – 3 VOLÚMENES

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