TEORÍA PURA DE LA REPÚBLICA – LIBRO TERCERO. Capítulo III. CÁMARA DE REPRESENTANTES MONÁDICOS. POTESTAD LEGISLATIVA (XI).

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     “Varias son las causas institucionales y sociales que explican el fenómeno del desprestigio total de la clase legisladora. Los repetidos fracasos de los Gobiernos, la casi imposibilidad de los partidos de conseguir mayorías absolutas, dejan en la sombra el daño causado por la legislación de partido estatal. La inestabilidad legislativa, que asustaba a los constituyentes americanos, se ha convertido en condición europea de estabilidad de los Gobiernos. La causa genética del descrédito de los legisladores está en su falta de poder para promulgar las leyes que hacen. No sólo porque sea el Gobierno quien las ejecuta, sino sobre todo porque es él quien controla la iniciativa legislativa y predetermina el voto legislador. Desde el Directorio francés crece la farsa de la carrera a la legislación, como camino de llegar a la gobernación. La calidad de las leyes desciende a medida que aumenta su cantidad en cada legislatura. Se ha llegado a la barbarie de medir el éxito de los partidos por el número de leyes debidas a su iniciativa. La productividad normativa se exhibe por los partidos con el orgullo del empresario presuntuoso de la productividad de su empresa. Criterio que, como era de prever, ha llegado al mundo judicial, donde se promociona en la carrera a los jueces que baten marcas de producción por día de trabajo.

     La ingente cantidad de leyes que se promulgan para derogar otras anteriores sobre la misma materia, sin dar tiempo a la formación de jurisprudencia que oriente a abogados y a inversores en los sectores económicos, docentes o familiares afectados, ha eliminado el requisito de sistema jurídico en el intricado bosque legislativo característico del llamado, de modo irónico y tautológico, Estado de Derecho. Los mejores bufetes de abogados se organizan como empresas de especialistas en leyes, no en las distintas materias clásicas del derecho -civil, mercantil, penal, administrativo, laboral-, sino en tipos concretos de contrato, de delito, de acto administrativo, o en peritos de las nuevas coyunturas familiares, profesionales, empresariales y sociales que crean pleitos previsibles e iguales. Cada caso conflictivo requiere un abogado especialista que, naturalmente, carece de formación jurídica general o sistemática. La especialidad convierte en pericia técnica -no jurispericia- a la abogacía.”

 

 

Antonio García-Trevijano Forte

TEORÍA PURA DE LA REPÚBLICA

LIBRO TERCERO. Capítulo III. CÁMARA DE REPRESENTANTES MONÁDICOS. POTESTAD LEGISLATIVA.

 

Teoría Pura de la República – 3 VOLÚMENES

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