TEORÍA PURA DE LA REPÚBLICA – LIBRO TERCERO. Capítulo III. CÁMARA DE REPRESENTANTES MONÁDICOS. POTESTAD LEGISLATIVA (VIII).

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     “En Europa, la sanción y promulgación de todas las leyes por el Poder ejecutivo, equivalente a un derecho de veto, es el legado que la Revolución francesa dejó primero a los sistemas parlamentarios y luego a los Estados de Partidos. No hay poder legislativo completo ni potestad legislativa en las Asambleas de representantes, si ella misma no puede sancionar, promulgar y publicar las leyes que apruebe. Así no es legisladora.

     La República Constitucional no puede cometer ese atentado contra el derecho de los ciudadanos a que sus diputados, reunidos en Asamblea, puedan instituir un órgano nacional con facultad de promulgar las leyes, a fin de darles la fuerza de coerción que necesitan para ser operativas. La sanción de las leyes, si es entendida como acto distinto y separado de la promulgación, sólo tiene justificación en las Monarquías Constitucionales (sanción regia), pues la llamada sanción jurídica, que es el juicio de idoneidad de la ley para producir los efectos jurídicos pretendidos, está embebida en el juicio que decide la promulgación. La sanción de las leyes, reliquia de la Revolución, debe desaparecer de los textos constitucionales.

     En lugar de la sanción, las Constituciones deben introducir un órgano nacional que medie entre la representación civil y la potestad coercitiva del Gobierno o, dicho en términos clásicos, entre la Nación y el Estado, con la finalidad de que esa nueva institución mediadora, por su propia naturaleza orgánica, incorpore a las leyes la vis coactiva que necesitan para ser ejecutivas, dado que la simple suma de los representantes de distrito sólo puede comunicarles vis directiva. Esa mediación no la puede hacer la propia representación de todos los distritos de la Nación, cuya totalidad sigue siendo representación política de lo civil sin imperio. Tampoco la puede realizar un órgano estatal, que aportaría fuerza sin legitimación representativa. Sin una institución mediadora que enlace la razón social de las leyes a la causa política de su eficacia jurídica, el problema es insoluble. La solución adecuada daría fundamento a la ciencia política. El mayor logro de la Teoría Pura de la República Constitucional ha sido encontrar ese fundamento en la solución ontológica al problema de la mediación entre Estado y Nación, entre fuerza estatal irresistible y obediencia a las leyes por consentimiento.”

 

Antonio García-Trevijano Forte

TEORÍA PURA DE LA REPÚBLICA

LIBRO TERCERO. Capítulo III. CÁMARA DE REPRESENTANTES MONÁDICOS. POTESTAD LEGISLATIVA.

 

Teoría Pura de la República – 3 VOLÚMENES

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