TEORÍA PURA DE LA REPÚBLICA – LIBRO TERCERO. Capítulo III. CÁMARA DE REPRESENTANTES MONÁDICOS. POTESTAD LEGISLATIVA (V).

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    “Que las opiniones del Estado sean leyes para la Sociedad no requiere explicación. En esas opiniones está incorporada ya la fuerza coactiva. Transformarlas en leyes es cuestión burocrática. Si los partidos son órganos del Estado, todo lo que hagan tendrá carácter estatal. No sólo en virtud de la promulgación de las leyes por el poder ejecutivo, sino por la naturaleza estatal de todos los partidos legisladores. La tradición estatal de que las leyes no las promulgue la Asamblea, en procesos legislativos dirigidos y controlados por ella, infringe la libertad política de la sociedad. La ausencia de representación de la sociedad civil en la elaboración de las leyes es consustancial al Estado de Partidos. En ellos, los procesos legislativos no tienen misterios que desvelar, ni saltos de naturaleza cualitativa que explicar. En la única fase del proceso que escapa de sus capacidades reales, la iniciativa legislativa, intervienen los grupos más poderosos de la sociedad para concretarla a su conveniencia en cada sector social legislado. No como elementos civiles coadyuvantes o cooperadores del Estado, sino como inspiradores del contenido normativo de las leyes desde los pasillos del poder estatal. Son ellos los que realizan en la sombra la necesaria labor de intermediación entre la sociedad legislada y el Estado legislador. Sin esta corrupción invisible, más amplia y dañina que la visible, el Régimen partidocrático no podría sostenerse. El principio de mediación, oculto o institucionalizado, es insoslayable en todo tipo de legislación estatal.

     Los juristas franceses que habían rechazado la posibilidad de definir la ley por su generalidad, rasgo común a otras prescripciones sin forma de ley, intuyeron que sin separación de poderes era imposible tener un distinto criterio de verdad para leyes y reglamentos generales. Y consideraron que la categoría de ley sólo correspondía a la jerarquía de la Autoridad que la dictara. Ese criterio presuponía la necesidad de separar las potestades legislativas y ejecutivas, para dar apariencia de supremacía a los Parlamentos, contra la realidad de que eran promulgadas por el ejecutivo.”

 

 

Antonio García-Trevijano Forte

TEORÍA PURA DE LA REPÚBLICA

LIBRO TERCERO. Capítulo III. CÁMARA DE REPRESENTANTES MONÁDICOS. POTESTAD LEGISLATIVA.

 

Teoría Pura de la República – 3 VOLÚMENES

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