TEORÍA PURA DE LA REPÚBLICA – LIBRO TERCERO. Capítulo III. CÁMARA DE REPRESENTANTES MONÁDICOS. POTESTAD LEGISLATIVA (IV).

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     “Si la verdad es la realidad de la cosa, la veracidad es la correspondencia del valor enunciado con el poder de quien lo enuncia. El poder de éste determina la extensión de la normatividad de aquél. Ninguna norma puede ser más veraz que la emanada de la libertad política colectiva. Ninguna ley puede ser más extensa que la de esa libertad común. Ninguna otra está legitimada para reclamar obediencia basada en el consentimiento. Pero una cosa es el descubrimiento ontológico de que la verdad política está en la libertad colectiva legisladora, y otra el valor de verdad de la veracidad de las leyes. La verdad moral, llamada veracidad, concreta la abstracción de la verdad política. La verdad de las leyes derivadas de la libertad colectiva compromete a sus autores y a sus representados. La sustitución de la verdad por la veracidad, como quiso Nietzsche, no presupone que el conocimiento de aquella sea imposible, pues su base no está en la autoconciencia, sino en la relación externa del poder político que hace las leyes.

     Se podría creer que la identidad verdad-libertad es una verdad de razón, frente a la verdad de voluntad expresada en las leyes positivas, si no fuera porque, como pensó Stuart Mill, toda verdad de razón puede reducirse a verdad de hecho, dado que todo tipo de verdad proviene de la experiencia. Lo que importa destacar aquí es que la identidad de la verdad política con la libertad colectiva ha sido verificada en la experiencia histórica, y que esa identidad ontológica no solo ha eliminado el problema político en los pueblos que la han realizado (Suiza, EEUU), sino que además puede ir resolviendo las concreciones de uno de los tipos del conflicto social. La tensión entre las necesidades sociales básicas y los recursos financieros del Estado, se puede resolver con la sustitución del criterio de veracidad de la libertad colectiva, por el de los derechos sociales constituidos por ella.

     Para resolver la otra cuestión, la de cómo es posible que una mayoría de simples opiniones particulares se convierta, sin principio alguno de mediación, en ley general dotada de coerción estatal, hemos de partir de la completa ausencia de reflexión sobre esta materia en la filosofía política. Una reflexión innecesaria en los Estados totalitarios, en las dictaduras y en los Estados de Partidos, puesto que en ellos las leyes no proceden, en ninguna de sus fases, de la sociedad civil, ni de la inexistente sociedad política que la represente, sino de puros órganos estatales.”

 

 

Antonio García-Trevijano Forte

TEORÍA PURA DE LA REPÚBLICA

LIBRO TERCERO. Capítulo III. CÁMARA DE REPRESENTANTES MONÁDICOS. POTESTAD LEGISLATIVA.

 

Teoría Pura de la República – 3 VOLÚMENES

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