TEORÍA PURA DE LA REPÚBLICA LIBRO TERCERO. Capítulo III. CÁMARA DE REPRESENTANTES MONÁDICOS. POTESTAD LEGISLATIVA (II).

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     “El éxito de la representación política, en las instituciones legislativas de las naciones modernas, lo produjo la ficción de considerar voluntad de los representados la de los representantes. Este fenómeno de identidad de voluntades entre representantes y representados no se produce en las representaciones de derecho privado, ni en las representaciones teatrales. En ellas, el apoderado o el actor no tienen que pensar ni querer como el poderdante o el personaje interpretado. Basta que cumplan con la mayor fidelidad posible el mandato o rol encomendado. Pero en la representación política se produce una inversión de la encomienda, que presenta analogías con la representación legal de incapacitados y menores en el derecho de familia, aunque en la tutela y la curatela falte el elemento volitivo del pupilo. El pretendiente a representar un colectivo determinado, le pide que identifique su interés y su voluntad de acción con el interés y voluntad de acción del propio peticionario. Los votos expresan la identificación de la voluntad del votante con la del votado. De las urnas sale lo que ha entrado en ellas. Sumas de votos de identificación con lo votado. La mayoría de voluntades representadas se identifica con la voluntad del representante y funda la representación política del colectivo, incluso la de los no votantes.

     El parlamentarismo nació cuando se disolvió la creencia medieval de que al derecho lo constituían costumbres inveteradas, y que las leyes no eran hechas por hombres. Incluso Coke, en la tradición de la Alta Corte, seguía creyendo en una norma superior que pautaba y orientaba las decisiones judiciales en Inglaterra. El problema se reducía a descubrir, mediante debate, cuál era el criterio de esas leyes fundamentales en cada caso judicial. Sólo había que dar un paso más para que la pasión romántica por una permanente conversación introdujera la idea de que lo decisivo era el debate colectivo. Más que una votación libre, el voto ejecutaba la moraleja espiritual del debate. Rousseau no fue más innovador en el método de descubrir la voluntad general. Las leyes no transigían en cuestiones de principios morales o religiosos. Así se explica que los ilustrados franceses dedicaran más de la mitad de sus discursos revolucionarios a cuestiones metafísicas. La charlatanería política, que los pragmáticos romanos achacaban a los atenienses, era un lujo de épocas apacibles. En tiempos de mudanza de valores, la pasión oratoria de los tenores de la Revolución no dejaba de ser extravagante, aunque fuera motor de la transformación de la Monarquía absoluta en relativa, a causa del veto Real.”

 

 

Antonio García-Trevijano Forte

TEORÍA PURA DE LA REPÚBLICA

LIBRO TERCERO. Capítulo III. CÁMARA DE REPRESENTANTES MONÁDICOS. POTESTAD LEGISLATIVA.

 

Teoría Pura de la República – 3 VOLÚMENES

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