TEORÍA PURA DE LA REPÚBLICA LIBRO TERCERO. Capítulo III. CÁMARA DE REPRESENTANTES MONÁDICOS. POTESTAD LEGISLATIVA (I).

47

    “En las antiguas democracias directas, llamadas asamblearias, existía el problema psicológico y moral de que unas personas pudieran decidir en asuntos vitales que afectaban a otras personas ausentes y, en consecuencia, no participantes en la decisión. La explicación de este hecho no es sencilla. Atenas tenía cien mil habitantes. A la Asamblea (Boulé), sita en una pequeña colina de difícil acceso a los ancianos, sólo asistían unos siete mil atenienses. Los asuntos y los cargos públicos, decididos o elegidos por la mayoría de los presentes, obligaban del mismo modo a los ausentes, cualquiera que hubiese sido el motivo de la ausencia. El poder de legislar, de juzgar y de gobernar correspondía a los mismos ciudadanos. El totalitarismo de la Asamblea de la Ciudad sobre los individuos era la garantía de la libertad política colectiva y de las libertades públicas personales. En el estudio comparativo de las Constituciones griegas, realizado por Aristóteles, la ateniense era la mejor. La República era la forma de la Ciudad y la democracia asamblearia, la forma de su gobierno.

     La larga duración del Imperio romano, su escisión, su paulatina degeneración y su decadencia final, hicieron olvidar las instituciones de la democracia directa en la República de Roma, hasta que la traducción de Aristóteles en el siglo XIII despertó la nostalgia republicana en determinadas ciudades medievales del norte de Italia, liberadas de tutela imperial a la muerte de Federico II, emperador y rey de Sicilia. El fermento de un nuevo republicanismo gremial, basado en el equilibrio de poderes en Corporaciones de artesanos, cristalizó con el trascendental descubrimiento (Marsilio de Padua), de la posibilidad teórica y práctica de la representación política de todos por unos pocos representantes.

     Siglos después, esta novedad permitió la creación del parlamentarismo inglés y de la democracia representativa en EEUU. Si Maquiavelo fundó el conocimiento realista de la política, contra la confusión aristotélica con la moral, Marsilio fundó el arte de la política en el naturalismo averroista, con la radical separación de Iglesia y Estado, la representación de los gobernados en las instituciones legislativas o ejecutivas, y la legitimidad de la mejor parte del pueblo para instituir las autoridades y revocar a las desleales. Si Locke y Montesquieu siguieron la senda realista iniciada por Marsilio, y Rousseau la utópica de la democracia sin representación, los revolucionarios franceses oscilaron, en la fundación del poder legislativo, entre la ideal razón universal y la virtud del Terror en la razón nacional.”

 

 

Antonio García-Trevijano Forte

TEORÍA PURA DE LA REPÚBLICA

LIBRO TERCERO. Capítulo III. CÁMARA DE REPRESENTANTES MONÁDICOS. POTESTAD LEGISLATIVA.

 

 

Teoría Pura de la República – 3 VOLÚMENES

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s