TEORÍA PURA DE LA REPÚBLICA – LIBRO TERCERO. Capítulo II. MÓNADA REPUBLICANA (XIII).

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     “Si el diputado de una mónada política es inteligente y culto no necesita ampararse en la ficción, inventada por Sieyès el 17 de junio de 1789, para creerse investido de una representación nacional, contra el mandato imperativo de atenerse a los intereses del mandante local. Y si no es inteligente no sabrá siquiera cual ha sido el interés objetivo que lo llevó a la diputación. Esta ficción crea el principal problema de la representación, y es causa de que los diputados se constituyan en clase política, con intereses divergentes o contrarios a los de los grupos, sectores, categorías o clases sociales que los eligieron. En este terreno conviene salir al paso de esa opinión, tan ligera como infundada, que hace declarar a todos los vencedores en unas elecciones, sean legislativas o presidenciales, que no sólo defenderán a los que los han votado, sino también a los que votaron en contra o se abstuvieron, ante el aplauso de los medios de comunicación de la ignorancia política. Lo peor es que lo dicen de buena fe, sin darse cuenta de que sólo se debe lealtad al programa que les dio la victoria. Lo decidido por la mayoría absoluta del cuerpo electoral se equipara al interés general o el bien común, en virtud de una pura convención, inventada por la filosofía del utilitarismo inglés, y aceptada en todos los sistemas de administración de un colectivo, sea público o privado. La democracia, decisión por mayorías y minorías, descansa en esa convención práctica. Las sociedades anónimas y las comunidades de bienes indivisos se rigen también por el mismo criterio convencional de dar fuerza legal a lo votado por la mayoría.

     Salvo en situaciones excepcionales, como guerras, catástrofes naturales, epidemias, que descubren por instinto natural, sin necesidad de buscarlo, cual es y donde está el interés común que atraiga la voluntad general de atenderlo y satisfacerlo, no hay método científico de averiguarlo, ni razón suficiente para definirlo. Y si en lugar de común, se habla de interés general, ya no hay forma de distinguirlo del mayoritario. El propio Rousseau lo sabía, cuando negaba incluso que la voluntad general coincidiera con la unánime.”

 

 

Antonio García-Trevijano Forte

TEORÍA PURA DE LA REPÚBLICA

LIBRO TERCERO. Capítulo II. MÓNADA REPUBLICANA.

 

 

Teoría Pura de la República – 3 VOLÚMENES

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