TEORÍA PURA DE LA REPÚBLICA – LIBRO TERCERO. Capítulo II. MÓNADA REPUBLICANA (XI).

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     “Hay clara distinción formal entre representación accidental y sustancial. Esta diferencia sitúa al diputado monádico en la posición de facultad o de poder que realmente tiene. O sea, accidental ante el distrito que lo elige y sustantiva ante la Asamblea donde lo representa. Mientras que la situación del diputado de lista de partido carece de sustantividad. Es mero adjetivo accidental. Ante su partido, ante la Asamblea, ante la circunscripción que ha votado su lista y ante la sociedad, no tiene personalidad política. Los pocos diputados que la adquieren no es en virtud de su condición de diputados de lista, sino en tanto que jefes de partido o miembros destacados del aparato organizativo que lo dirige. La degeneración del mero diputado de lista viene de su propia vocación de ser potencia de aplauso o abucheo, en el teatro de la comedia política representada.

     La mónada política debe reunir requisitos de igualdad cuantitativa, deslinde territorial y simultaneidad operativa con las demás distritos electorales, para que la Sociedad reconozca la legalidad de su legítima naturalidad. Fijados sus linderos y confeccionado el censo de electores, los aspirantes a la diputación, independientes o de partido, avalados ante la Junta electoral del distrito por mil vecinos, serían proclamados candidatos oficiales. Cada uno llevará aparejado en su candidatura un diputado suplente, que lo sustituirá automáticamente, en caso de incapacidad sobrevenida, inhabilitación judicial o revocación por los electores del titular, en la forma que se haya reglamentado. Los medios de comunicación, con audiencias o lectores superiores a diez mil personas en la mónada, ofrecerían espacios iguales y gratuitos para su propaganda, en compensación de las noticias gratis que le proporciona la actividad pública del diputado durante cuatro años. Los Ayuntamientos y centros de enseñanza pública también cederían gratuitamente espacios abiertos o cerrados para celebración de mítines. Los carteles de publicidad electoral en calles, fachadas y espacios públicos exteriores o interiores estarían prohibidos. La campaña electoral duraría quince o veinte días y no podría ser financiada con fondos privados ni públicos. La igualdad de oportunidades estará así garantizada, y su infracción daría lugar a la anulación de los votos obtenidos por el infractor.”

 

Antonio García-Trevijano Forte

TEORÍA PURA DE LA REPÚBLICA

LIBRO TERCERO. Capítulo II. MÓNADA REPUBLICANA.

 

 

Teoría Pura de la República – 3 VOLÚMENES

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