TEORÍA PURA DE LA REPÚBLICA – LIBRO TERCERO. Capítulo II. MÓNADA REPUBLICANA (VIII).

37

    “El problema que plantea el reconocimiento de autonomía electoral a la mónada política consiste en cómo legitimar que, sin ser un ente estatal, su representación por un diputado a una Asamblea de diputaciones iguales pueda crear leyes sin intervención del Estado. Bien examinado, este problema no es de naturaleza diferente del que suponía dar plena eficacia jurídica a los contratos de derecho privado. Del mismo modo que los efectos jurídicos del negocio privado, aunque sean queridos por los otorgantes, no son éstos quienes se los dan, sino la ley, así también los efectos normativos de la elección de un solo diputado en cada mónada autónoma vienen del principio de legalidad que, reconociendo la tipicidad social de este tipo de representación política, la legaliza. El fundamento de la eficacia del negocio jurídico en el derecho privado es el mismo que legitima y convalida las elecciones autónomas en distritos pequeños, así como también el carácter representativo del elegido en cada mónada.

     Hay dos clases de tipicidad jurídica. La social y la legal. En virtud de la primera, la jurisprudencia reconoce los efectos jurídicos de los llamados contratos innominados, que carecen de tipicidad legal. Basta para ello que reúnan los requisitos generales de legitimidad subjetiva, utilidad objetiva y función lícita (causa) de los actos jurídicos. La representación de una mónada política por un diputado elegido por votación mayoritaria en su seno, es la más típica de las representaciones, de la que derivaron todos los tipos posteriores de representación política. Los actos de elección y de investidura de un diputado de distrito vecinal son actos de derecho político, tan autónomos como las promesas unilaterales en el derecho privado. El Estado reconoce sus efectos políticos y jurídicos, siempre que se hayan cumplido los requisitos de forma y causa justa que los legitiman. La legitimidad está en la sociedad, la legalidad, en el Estado. Dar poderes de representación judicial a un procurador ante los tribunales tiene la misma naturaleza que los poderes de representación política a un diputado ante la Asamblea legislativa. Los dos poderes son mandatos imperativos y revocables. Ningún poder puede ser irrevocable sin perder su naturaleza.”

Antonio García-Trevijano Forte

TEORÍA PURA DE LA REPÚBLICA

LIBRO TERCERO. Capítulo II. MÓNADA REPUBLICANA.

Teoría Pura de la República – 3 VOLÚMENES

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s