TEORÍA PURA DE LA REPÚBLICA – EL FACTOR REPUBLICANO. Elecciones (XVII).

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     “En Roma, una familia aristocrática importó el humanismo griego, con escándalo de la cultura rural republicana. Lo más original del Renacimiento fue el humanismo de la herejía hermética del cristianismo, que a través del arte, penetró en el Vaticano. Pero el cristianismo no puede ser humanista sin contradecirse. La necesidad de redención es creencia tan atractivamente humanitaria como antihumanista, pues no confía en la salvación humana por su propio esfuerzo. El espíritu europeo, alimentado con el dualismo cartesiano, dejó cojos los andares humanos. La pierna derecha, con botas de siete leguas, avanza sobre las cosas extensas de la economía, la técnica y la naturaleza. La izquierda, de zocos en colodros, se arrastra cargada con las cosas intensas del espíritu, la dignidad y la religión. El humanismo nació en China como armonía del ritmo de la hora física con el ritmo de la hora moral. La diferencia del humanismo hindú con el chino consistía en que aquél era una religión y una moral sin historia, mientras que éste era una política, una historia y una ética. Gandhi introdujo la política y la historia con un ardid humanista. No el de la resistencia pasiva y boicot a las manufacturas inglesas, eso concernía a la acción práctica, sino el de una convicción acorde con la religiosidad india. Convenció a las masas de que la Independencia era dignidad y lealtad consigo mismo y de honorabilidad con los demás, antes que un asunto político o de logro material.

     En esa época, dos últimos tercios de los años cuarenta, Europa experimentó lo peor de la humanidad, y la India, lo mejor del humanismo. De aquel antihumanismo totalitario, que aniquiló todo germen de espiritualidad europea, nació el Estado de Partidos. Con urnas abiertas y libertad de elección cerrada. La no violencia institucional pide la honorabilidad y el humanismo de la abstención electoral. El tema de la abstención no se reduce a la dimensión pública de la ética personal y de la racionalidad de las conductas sociales. Tiene consecuencias políticas que han de ser previstas y encauzadas con una estrategia inteligente de abstención activa.

     Desde un punto de vista sociológico la abstención es un fenómeno complejo. Pertenece a ese tipo de conductas sociales que algunos economistas de gran influencia en Suramérica durante las décadas de los setenta y ochenta, como Albert O. Hirschman (Salidas, voz y lealtad), consideraron básicas en las estrategias del desarrollo económico. Con relación a todas las instituciones creadas para expresar demandas, aspiraciones, contestaciones y protestas (partidos, sindicatos, asociaciones, agrupaciones), los abstencionistas, a causa de su actuación individualista y motivada en razones diferentes, carecen de representación colectiva. Nadie puede hablar en nombre del inmenso grupo social en el que confluyen sin integrarse. El hecho de no tener portavoz no sólo les priva de eficacia para rentabilizar el resultado deslegitimador del Régimen político, sino del atractivo principal que agrandaría hasta cifras inimaginables el número de abstencionistas. Bajo el Estado de Partidos, el humanismo se cultiva por necesidad de legítima defensa en el acogedor jardín de la abstención.

     Si pudiera existir un partido de la abstención, con un programa de acción para sustituir el Estado de Partidos por la República Constitucional, las urnas quedarían casi vacías, con los votos de los que viven exclusivamente de los partidos estatales. Las deserciones de millones de individuos aislados darían lugar, con un punto común de referencia, a una protesta unitaria de poder irresistible. Pero un partido de la abstención caería en la antinomia del vocero. La multiplicidad de voces abstencionistas llegaría a desposeer de su voz al partido abstencionario. Mientras que para el anarquismo la abstención electoral es una mera consecuencia de su ideología apolítica, para los repúblicos abstencionarios no puede ser más que una táctica transitoria de deslegitimación del sistema proporcional. Las campañas a favor de la abstención deben recordar siempre que no toman partido contra la necesidad de elecciones, sino contra un régimen donde el elector no elige a su candidato, ni el partido elegido representa a sus votantes. La dignidad de la abstención se funda en la repugnancia moral de participar en un timo o fraude electoral. Desde esta perspectiva, los abstencionarios no pueden caer en la antinomia del portavoz, vocero o delegado.”

Antonio García-Trevijano Forte

TEORÍA PURA DE LA REPÚBLICA

EL FACTOR REPUBLICANO

Elecciones

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