REPÚBLICA CONSTITUCIONAL

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     “Aparte del caso singular de la Monarquía tampón belga, España es el único país católico de Europa que tiene Rey. Esto se olvida cuando se resalta la coincidencia de que sean Monarquías las naciones más ricas y civilizadas de Europa. Aparte de que la excelencia en todos los aspectos corresponde a la República Helvética, no han sido las monarquías, sino la libertad de conciencia y el espíritu laborioso de los pueblos protestantes (Max Weber), lo que los elevó, en economía, cultura y civilización, por encima de los católicos. Todos los países mediterráneos, salvo la española Monarquía de los Partidos, son Repúblicas de Partidos. Lo cual no quiere decir que en todos ellos exista un mismo tipo de espíritu republicano, ni un modo similar de padecer el sentimiento republicano. No es posible definir el espíritu republicano con el hecho de ser partidario de la República.

     El vocabulario político no expresa con precisión las ideas o conceptos a que se refiere. Sucede con frecuencia que un mismo vocablo se usa para designar cosas muy diferentes. La política no será ciencia si el enguaje que la expresa carece de voces unívocas. Las costumbres lingüísticas están marcadas por un mismo acento demagógico o igualitario en las palabras referentes a las relaciones sociales. No existen palabras diferentes para designar a los partidarios activos o pasivos de la forma republicana del Estado, a los que no tienen conciencia de estar comprometidos con ella, o a los que se sienten partícipes de la idea republicana con la que se identifican en su modo de ser y de estar en sociedad. Estas distintas actitudes dependen del tipo de República. Pero son contradictorias o falsas en las Monarquías de espíritu republicano, que no sólo están sostenidas por partidos estatales que se llaman y consideran a sí mismos republicanos, sino que niegan la libertad de pensamiento y la igualdad de oportunidades para expresar las divergentes concepciones formales de la República.

     Para poder ser partidario de algo hace falta que haya opciones reales de tomar partido sobre ese algo, sea para hacerlo nacer o para evitar que perezca. En la República francesa, por ejemplo, no tendría sentido declararse partidario de la República, del mismo modo que no lo tiene que los jueces se declaren partidarios de la justicia legal. Hablando con propiedad sólo tiene sentido decir que los franceses son partícipes de la República, como el juez de la justicia o el médico de la medicina. Lo cual no significa que lo sean en el mismo grado de intensidad o dedicación. La cuestión republicana adquiere una dimensión ontológica en las Monarquías de Partido como la española. Pues, por definición, sólo cabe ser partidario de alguno de los partidos estatales, y ninguno de ellos puede ser, aunque lo crea, republicano. Éste no es asunto que sólo afecte a la sinceridad o coherencia de los que se declaran republicanos. En una Monarquía, nada que sea de naturaleza pública puede ser sincero ni republicano.

     Tampoco se puede ser partidario de algo accidentalmente republicano. La accidentalidad del modo existencial de estar en la República, niega la sustancialidad de estar auténticamente en el mundo. Sin plenitud de existencia de la libertad política en la República, los partidos republicanos arrastran cadenas de servidumbre monárquica, como fantasmas de palacio arruinado que deambulan en pesadillas de gobierno. Si se creen republicanos porque sus abuelos lo fueron, la ontología republicana sólo reconoce a los que, de modo pacífico pero decidido, hacen todo lo necesario para que sus hijos vivan con la libertad y la democracia de la República Constitucional. Si quieren ser padres de republicanos han de adquirir los conocimientos, el civismo, las cualidades humanas, la decisión y la determinación para la acción colectiva de los verdaderos repúblicos.

     El idioma español tiene un sustantivo formosus (hermoso) que designa la personalidad capaz de percibir y de oficiar la forma de lo público. La voz repúblico define la condición de estadistas de las personas vocacionadas a instaurar la democracia política con la libertad constituyente de la forma republicana. Sustantivos repúblicos, no adjetivos republicanos. Estos no dejan de ser platónicos. Identifican la forma de la República con la idea abstracta de República. Así pueden participar en Monarquías o Repúblicas de Partidos donde la forma republicana ha sido sacrificada a la idea de Régimen de poder. No se distinguen de los partidos únicos de las Dictaduras. Los republicanos nostálgicos sueñan con la república parlamentaria para que la República Constitucional no sea potencia susceptible de ser actualizada, contra la forma anti-republicana del Estado de Partidos. Su hostilidad o ignorancia hacia los movimientos repúblicos lo demuestra.

     Los repúblicos saben que la materia social republicana, la determinada por el principio de individuación, es el elemento primordial con el que se construye la República. La forma republicana determina ese elemento material como causa eficiente y final de la potencia republicana contenida en la igualdad de la materia social. Dicho de otro modo, es imposible ser republicano sin estar en una República actual. Se puede ser repúblico en el Estado de Partidos anti-republicano, estando en el movimiento de la potencia republicana al acto republicano. Es decir, en la oposición irreconciliable a la actualidad monárquica o partidocrática del Estado. Lo que subyuga a todo repúblico no es cualquier forma republicana, sino únicamente la que determina la materia social cualificada para devenir, con la libertad política, República Constitucional. Forma natural, sustancial y ejemplar de lo público. Si la materia republicana es pasiva, se torna activa (viviente, diría el aquinense) tan pronto como reconoce la forma originaria y constitucional predispuesta a determinarla, sin confundirla con ninguna otra forma categorial republicana.  El segundo motivo de la falta de aprecio de los republicanos nostálgicos a la República Constitucional proviene de su vulgar confusión entre forma y sentimiento. Lo expresó bien Susane L. K. Langer (Feeling and Form: A Theory of Art, 1953, pág. 17): “la polaridad de sentimiento y forma es un problema. La relación entre los dos polos no es polar, una relación entre positivo y negativo, ya que sentimiento y forma no son complementos lógicos”. La falsa polaridad nace, como en la confusión de la verdad con la primera noticia, cuando el sentimiento republicano está vinculado a la forma parlamentaria que lo despertó. Tiene entonces la consistencia de los apegos de la vejez a sus primeros sentimientos juveniles de la República.

     La mente común arrastra la creencia de que una cosa es la teoría de una idealidad política, como la República Constitucional, y otra que su formalización mantenga la integridad de la doctrina. Lo que se admite en las ciencias aplicadas, en las empresas tecnológicas, en los juegos constitutivos de sus propias reglas y en las obras geniales de arte, se rechaza en la política. Donde se piensa que lo bien concebido en teoría se realiza mal en la práctica, por las exigencias de su traducción y adaptación a la realidad de la condición humana. Este reproche no cabe en las teorías realistas de la República que no pretenden cambiar la naturaleza humana, ni desconocen la tendencia natural del poder al abuso y la corrupción, si otro poder de semejante potencia no lo frena en virtud de instituciones inteligentes. Lo que la teoría de la República Constitucional propone a los pueblos europeos es la posibilidad teórica y práctica de salir de la servidumbre voluntaria, mediante la acción de la libertad constituyente. Es decir, que realicen lo que hicieron los pueblos de EEUU y Suiza, en circunstancias y tiempos más difíciles que los actuales de Europa.”

Antonio García-Trevijano Forte

TEORÍA PURA DE LA REPÚBLICA

http://www.bubok.es/libros/218609/Teoria-Pura-de-la-Republica-3-volumenes
http://www.bubok.es/libros/218606/Teoria-Pura-de-la-Republica

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