Aquí quien da el golpe es Suárez – 23F, la verdad

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(Extracto del libro de Francisco Medina “23F, la verdad“).

Cuando al despedir a Suárez, el Rey pide a su secretario general que le informe sobre lo que dice la Constitución para este caso, más allá de que haya frialdad o no en las palabras, está haciendo algo muy lógico y la pregunta no carecía de importancia. No había precedente. ¿Qué tenía que hacer él como jefe de Estado? La respuesta llegó de inmediato: los artículos 99 y 101 de la Constitución eran los aplicables. En el 101, se lee: “El Gobierno cesa tras la celebración de elecciones generales, en los casos de pérdida de la confianza parlamentaria previstos en las Constitución, o por dimisión o fallecimiento de su presidente”. En el 99, en su punto primero, se dice: “Después de cada renovación del Congreso de los Diputados, y en los demás supuestos constitucionales en que así proceda, el rey, previa consulta con los representantes designados por los grupos políticos con representación parlamentaria, y a través del presidente del Congreso, propondría un candidato a la Presidencia del Gobierno”. Es decir, el Rey debe consultar con los líderes de la oposición y, a continuación, proponer ese candidato. Al día siguiente de anunciar al monarca su marcha, Suárez recibe en la Moncloa la visita de Sabino Fernández Campo. Lo cuenta éste en su biografía autorizada: “Sabino iba con la misión de concretar el cese del presidente porque el Rey deseaba iniciar las consultas con los partidos lo antes posible para proponer un nuevo jefe de Gobierno”. Durante las entrevistas preceptivas, Manuel Fraga y Felipe González vuelven a reiterarle al Rey la necesidad de que se forme un gobierno de concentración ante la crisis que vive el país. Pero UCD, o, más exactamente, Suárez, como se ha visto no deja esa posibilidad abierta, porque a pesar de la resistencia de algunos de «barones», «impone» el nombre de Calvo Sotelo.

¿Qué repercusiones tiene esto? “Aquí quien da el golpe es Suárez. Él es quien lo da. ¿Por qué? Porque Suárez no sólo dimite, sino además, usurpando lo que es un derecho de la Corona, anuncia su sucesor: Leopoldo Calvo Sotelo, por lo que hace imposible que se ponga en marcha la solución constitucional, la solución Armada: que por sugerencia de los partidos, el Rey entregue el poder a un militar y a continuación se dé paso a la creación del gobierno de concentración.” Uno de los que han estado trabajando durante meses por esa Operación Armada me explica así la frustración con la que viven lo que consideran maniobra de Adolfo Suárez. Redundando, de alguna manera, en esta idea, un militar que estaba en ese momento en el CESID, y lo estaría aún por mucho tiempo, me confió su idea de que en la reunión del Rey y Suárez previa a la dimisión de éste, el Rey llega a decirle con claridad que la solución debe pasar por la Operación Armada o algo similar [Suárez en su discurso final dirá a modo de «excusatio non petita»: “Me voy sin que nadie me lo haya pedido…”], y que ante esa situación el presidente decide irse, pero se opone a la solución que se ha pactado contra él. En cualquier caso, los hechos, que no admiten especulación, demuestran de inmediato que la dimisión de Suárez, tal y como se produce, no es aceptada por nadie como «la solución al problema». Aunque a algunos, si que los desconcierta.

 

NOTA:

Constitución Española de 1978

Artículo 62

Corresponde al Rey:

     d) Proponer el candidato a Presidente del Gobierno y, en su caso, nombrarlo, así como poner fin a sus funciones en los términos previstos en la Constitución.

 

 

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