TEORÍA PURA DE LA REPÚBLICA – EL FACTOR REPUBLICANO. El problema político de la libertad (II).

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     “Los partidos estatales no tienen otra finalidad que la de gobernar por turnos, enriqueciendo prebendariamente a sus amigos o deudos. Esta innoble función la legitiman con la idea-acción residual (Pareto) de que, en su origen, los partidos societarios estaban amparados por la libertad de asociación con programas de acción política, entre los que los gobernados podían elegir. Esa legitimación de origen y ejercicio, propia del mundo liberal post-revolucionario, desapareció por completo en los actuales Estados de Partidos. El ocaso de las ideologías no llevó aparejado, por razones de guerra fría, el de los partidos que las reproducían en el lenguaje, pero no en las acciones. Incorporados al Estado, continuaron la rutina, devenida farsa, de justificar su existencia por la necesidad de competir para la conquista del poder gubernamental por uno de ellos. No se percataron de que ese objetivo perdió su legitimidad cuando todos se hicieron estatales. La competición no desapareció, pero cambio de naturaleza política y de escenario. No era lo mismo competir para conquistar el poder político desde la sociedad, que hacerlo desde el Estado, en tanto que órganos del mismo. Repartirse el poder no es conquistarlo, sino heredarlo sin conquista.

 

     La legitimación de los antiguos partidos societarios no puede ser la misma que la de los partidos estatales. Nadie lucha por conquistar lo que ya tiene. El escenario de la competición electoral cambió cuando las elecciones asumieron la función de fijar la cuota de poder estatal de cada partido. No sólo de los que tienen posibilidad electoral de ser gobernantes, sino incluso de los testimoniales de algún pequeño sector social, con tal de que logren al menos un diputado. La sociedad gobernada no legitima hoy la ocupación del Gobierno por el partido ganador de elecciones legislativas. Lo que legitima es un reparto de cuotas de poder estatal entre partidos estatales. El anterior Estado-organización ha devenido por fin Estadosociedad política, como en la concepción hegeliana y marxista. El partido que gobierna lo hace en nombre de la masa partidaria que lo vota y de la pequeña minoría de la planicie, sin partido, que desea cambiar el gobierno por el escándalo de corrupción gubernamental más cercano a las nuevas elecciones.

 

     El partido ganador, con el 40 % de los votos emitidos y menos del 30% del censo, gobierna a toda la nación sin instituciones que lo controle, pues en todas ellas tiene la cuota mayoritaria. La sociedad se cree representada por el partido ganador y la minoría asociada. Esa es la servidumbre empeñada en creer que sus amos políticos no actúan por interés personal, sino por el de la comunidad nacional que dicen representar. Nada importa que los diputados no representen a nadie, salvo a sus jefes de partido, ni que actúen siempre bajo su mandato imperativo. Lo que importa es que el reparto del poder político, entre partidos estatales, pueda considerarse forma normal de vivir, sin libertad política, la vida colectiva, y que a ese gatuperio se le llame democracia en la forma de gobierno. En este nuevo Régimen de poder estatal, el problema político sólo puede manifestarse de modo indirecto a través del continuo crecimiento del gasto público y del paro, con abstención electoral, disolución del lazo nacional, corrupción de partidos, pirronismo moral y desprestigio de la clase política, que ocupa el último lugar en las encuestas sobre escalas de valoraciones sociales.”

    

 

 

Antonio García-Trevijano Forte

TEORÍA PURA DE LA REPÚBLICA

EL FACTOR REPUBLICANO.

El problema político de la libertad.

http://www.bubok.es/libros/218609/Teoria-Pura-de-la-Republica-3-volumenes
http://www.bubok.es/libros/218606/Teoria-Pura-de-la-Republica

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Un comentario el “TEORÍA PURA DE LA REPÚBLICA – EL FACTOR REPUBLICANO. El problema político de la libertad (II).

  1. Reblogueó esto en morruloboesteparioy comentado:
    El partido ganador, con el 40 % de los votos emitidos y menos del 30% del censo, gobierna a toda la nación sin instituciones que lo controle, pues en todas ellas tiene la cuota mayoritaria. La sociedad se cree representada por el partido ganador y la minoría asociada. Esa es la servidumbre empeñada en creer que sus amos políticos no actúan por interés personal, sino por el de la comunidad nacional que dicen representar. Nada importa que los diputados no representen a nadie, salvo a sus jefes de partido, ni que actúen siempre bajo su mandato imperativo. Lo que importa es que el reparto del poder político, entre partidos estatales, pueda considerarse forma normal de vivir, sin libertad política, la vida colectiva, y que a ese gatuperio se le llame democracia en la forma de gobierno. En este nuevo Régimen de poder estatal, el problema político sólo puede manifestarse de modo indirecto a través del continuo crecimiento del gasto público y del paro, con abstención electoral, disolución del lazo nacional, corrupción de partidos, pirronismo moral y desprestigio de la clase política, que ocupa el último lugar en las encuestas sobre escalas de valoraciones sociales.”

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