TEORÍA PURA DE LA REPÚBLICA – LIBRO TERCERO (VII).

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     El Estado de Partidos, fruto de la unión del dogmatismo militar del vencedor estadounidense con el pirronismo político de los vencidos, aseguró la estrategia de condominio del mundo con el vencedor oriental. El derribo del muro de Berlín abrió la compuerta que retenía el escepticismo moral a este lado del telón de acero, anegando de corrupción a los pueblos europeos desde el cabo de San Vicente a los Urales. El Imperio se quitó la máscara en las Azores. Y la Península Ibérica, dominada por los hijos de la dictadura orgánica, pasó a ser la plataforma del espíritu de conquista del capitalismo, contra la débil resistencia europea que lo contradecía en Irak. Se universalizó el escepticismo como actitud social. Y el candidato Obama emergió como ingenua respuesta popular al escepticismo político.

 

     Para la falta de pensamiento llamada pensamiento débil, el escepticismo epistemológico, impropiamente derivado en el mundo político de la teoría de la relatividad y del principio de incertidumbre en las partículas elementales, fundamenta y legitima no solo el escepticismo intelectual, sino hasta el actual pirronismo social, donde el “vale”, “ya vale” o el “todo vale” ocupan feamente los espacios públicos antes reservados bellamente a la consistencia de la verdad científica probada y a la vigencia de la verdad moral evidenciada. El escepticismo se ha convertido en dogma social que se refuta a sí mismo. Si nada es susceptible de ser afirmado como verdad, y cada cual tiene la suya, tampoco puede ser objetiva la verdad de la duda sobre todo. Una duda que, no siendo metódica sino incauta, pone fe animal en los instintos que toman a la Naturaleza por la mano para poder traducir la inseguridad personal en vocaciones de poder, fama o riqueza.

 

     En el imperio del escepticismo moral, las pretensiones de formular una teoría normativa de la democracia como forma de Gobierno, y una teoría científica de la República Constitucional como forma de Estado, parecen desatinos de la ingenuidad intelectual, aunque la primera esté deducida de la experiencia de la falta de libertad política en Europa, y la segunda se haya construido sobre la piedra angular de un descubrimiento trascendental para la inteligencia de la razón política en las relaciones de dominio público. La verdad política está en su identidad con la libertad colectiva. Principio de continuidad de la Sociedad en el Estado expresado en el axioma verdad=libertad. La acusación de dogmatismo carecería de sentido frente a una Teoría Pura de la República que declara no ser descriptiva, sino constitutiva de su objeto. Pero esa será la crítica del escepticismo republicano, huérfano de doctrina y de confianza intelectual en sí mismo, a la validez y consistencia de una teoría de la República Constitucional que, siendo axiomática, no está cubierta con veladuras ideológicas, ni amparada en dogmatismos intemporales, no susceptibles de ser sometidos a procesos de verificación o refutación, como le sucede a los postulados marxistas o freudianos.

 

 

 

Antonio García-Trevijano Forte

TEORÍA PURA DE LA REPÚBLICA

LIBRO TERCERO.

http://www.bubok.es/libros/218609/Teoria-Pura-de-la-Republica-3-volumenes
http://www.bubok.es/libros/218606/Teoria-Pura-de-la-Republica

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