POR QUÉ ESCRIBO DE ARTE

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ANTONIO GARCÍA TREVIJANO

LA RAZÓN. LUNES 8 DE ABRIL DE 2002

     Desde el 11 de septiembre un nuevo tipo de horror acelera el proceso de malestar en el mundo. El terrorista pone la causa denigrante y el Estado los efectos denigratorios. Cada tragedia colectiva abate a las sociedades en la impotencia de las acciones y estabiliza a los individuos con la indiferencia de las pasiones. La civilización occidental anestesia la sensibilidad moral en sus naciones a la par que atribuye al dinero la distribución del poder con arreglo a sus discriminaciones.

     Cuanto mayor sea el fragor de las crueldades ocasionadas por la ambición de poder, y más necesidad de atenuación tengan los sufrimientos de los pueblos, menor ha de ser la distancia cultural desde la que miremos al mundo de los acontecimientos. Pues la serenidad es un fruto que sólo madura cuando se acerca el calor de lo que se siente a la frialdad de lo que la noticia de los hechos nos aprende.

     La sociedad unificada por los medios de comunicación nos permite contemplar de cerca los suplicios de la humanidad, a condición de que los veamos en un escenario lejano. Contemplados como espectáculo, los avatares de la historia no constituyen experiencias propias. De este modo, la información instantánea sobre el mundo produce una escisión inmediata en nuestra conciencia experimental de la vida en el mundo. Condenamos todos los males que intelectual o políticamente aprobamos.

     Los gobernantes actúan de modo tan horrible como incompetente, pero los votamos. El sistema constitucional nos impide elegir algo menos malo, pero lo apoyamos. Los medios informativos restringen el espacio de la verdad, pero los compramos. El sistema judicial es un apéndice del poder, pero no lo separamos. La enseñanza fabrica títulos profesionales de la ignorancia, pero no la mejoramos. El cursus honorum premia el conformismo de la mediocridad, pero abominamos la rebeldía de la excelencia. Las clases dominantes ridiculizan la dignidad, pero nos integramos en ellas. Aparte del amor, la amistad y la Naturaleza, ¿qué nos queda de honorable o de bello en la vida cotidiana? ¿La vocación profesional, el arte o el deporte? Los hemos convertido en medios materiales de vida o de negocio.

     La exclusiva voluntad de vivir no explica, ni justifica por sí sola, la noluntad de desarrollar la personalidad individual, en una sociedad carente de ideales, mediante una vida personal auténtica. En alguna otra parte instintiva debe encontrarse el motor que sigue empujando a la humanidad a producir exploradores de la verdad en el más allá (religiones) o en el más acá (ciencias); sanadores de los cuerpos para retrasar su muerte; cooperadores voluntarios contra las lacras de la miseria que dejan indiferentes a los gobiernos; y lo más extraordinario de todo, buscadores de la belleza en las ficciones del arte, para consuelo de la fealdad que anima la vida social donde se integran.

     Cuando hace un cuarto de siglo los partidos abandonaron la acción por la democracia como forma de gobierno, me dediqué a reflexionar sobre las causas teóricas y prácticas que hacen innoble la vocación política en el Estado de partidos. Cuatro libros, un millar de artículos y un centenar de conferencias atestiguan la constancia en mis ideales y propósitos. No es extraño que amigos y lectores me pregunten por qué ahora comienzo a escribir de arte en la prensa.

     Por dos motivos principales. Porque, además de una estética, el arte brinda un conocimiento intuitivo del mundo, complementario del intelectual, y porque, además de gustarme, no soy un especialista. Lo peor que le ha sucedido al arte ha sido caer en las garras de la literatura ininteligible de la crítica profesional. La superchería es aquí tan consustancial como en el discurso político. Sólo puede verse con claridad desde fuera. Y percibo una necesidad social de que el arte retorne a la belleza.

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de MCRC Alicante Publicado en ARTE

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